¿Quién los entiende?
El don del perdón
Cine en el desiertoPor Ventura Cota y Borbón III
El candidato virtual a la Presidencia de la República por los partidos de Izquierda es ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR y de eso no cabe ninguna duda.
El pasado martes 15 de noviembre, a través de una encuesta de la que oportunamente se dieron a conocer los pormenores de la misma, el tabasqueño superó con una muy pequeña ventaja a su contrincante, el jefe de Gobierno del Distrito Federal, MARCELO EBRARD CASASUS y ello dio pie para que el de Macuspana se haya erigido como el absoluto candidato.
Ni modo, hay que reconocer la madurez política de su rival –de AMLO-, quien sin aspavientos y sí con mucha ecuanimidad, aceptó de inmediato los resultados optando por levantar la mano al vencedor.
Una vez sabido que AMLO será quien aparezca en las lizas electorales del año que entra, Televisa la empresa que durante un lustro lo mantuvo en el ostracismo, como una prostituta –escrito con mucho respeto para estas damitas-, le abrió las puertas de acceso al canal.
En la entrevista ya por muchos medios comentada, Andrés Manuel López Obrador, con mucha inteligencia y paradójicamente también con mesura, reprochó a JOAQUÍN LÓPEZ-DÓRIGA, el trato inequitativo que recibió durante cinco años y la deferencia muy marcada hacia ENRIQUE PEÑA NIETO –el contrincante de AMLO-, a quien lo tildó de “niño bien”.
El de Tabasco, una vez descargada su inquietud, sorprendió a todo mundo cuando comenzó a hablar con un tinte de actitud muy diferente a la que todos estábamos acostumbrados a escucharle.
Parafraseó a JAIME SABINES extrayendo de su poema “Los amorosos” cuando comentó el concepto que manejará en su campaña política: Una república amorosa.
Por supuesto que las críticas a su postura tan radicalmente opuesta a la asumida, hace casi seis años, no se hicieron esperar.
Que AMLO estaba tratando de brindar una imagen que no era la suya. Que el de Tabasco estaba siendo hipócrita al asumirse como un pacifista. Que López Obrador era un demonio con un disfraz de ángel y mil barbaridades más.
¿Quién caramba entiende a la gente? Primero lo criticaban por su actitud pendenciera y beligerante, pero según parecer de muchos, JUSTA. Que no era propio de una persona que pretendía gobernar una nación tan grande como México. Que AMLO era el mismo demonio encarnado en un humano, Etc.
Ahora que el candidato de las Izquierdas maneja un lenguaje conciliatorio, ofreciendo paz, amor, regreso de los valores espirituales, lo tunden a golpes.
El chiste de esto, es estar molestando y como algunos grandes empresarios ya voltearon los ojos hacia él, los grupos del poder que siempre joden de modo sistemático al pueblo, están sin duda temerosos.
Aquéllos que en su momento lo apo-rrearon endilgándole adjetivos muy groseros, hoy ven en él a un posible salvador de sus pasivos económicos y se le unen brindándole su apoyo. Ya comprobaron que con quien estaban irrestrictamente –Felipe Calderón-, les ha fallado.
Hoy sólo les queda –nos queda-, como esperanza un hombre que aunque puede tener bastantes errores y defectos, muchos lo miran como el único que puede sacar al buey de la barranca, y si entre esos bueyes nos apuntan, pues le entramos.
Yo estoy con Andrés Manuel López Obrador.
DURANTE LOS DÍAS 28, 29 Y 30 DE NOVIEMBRE el auditorio cívico municipal Fray Ivo Toneck se vistió de gala para que se realizara con bastante éxito en Guaymas el 2º Festival Internacional de Cine en el Desierto, en el cual se exhibieron documentales, corto metrajes, largometrajes, cine experimental, entra otras atracciones.
El Instituto Municipal de Cultura y Arte de Guaymas, a cuya cabeza está el ingeniero JAVIER BALLESTEROS LÓPEZ, con gran esfuerzo logró para Guaymas la subsede de este festival que en el caso del municipio, se busca consolidar como una tradición.
Las películas que me tocó ver, fueron de máxima categoría y calidad. No tuvieron desperdicio. Excelentes directores y actores, entre ellos, algunos oriundos de Sonora y hay que reconocer que la respuesta del público asistente, fue buena.
En materia de este tipo de programas cinematográficos, fue verdaderamente histórico, declaró el titular del IMCA, es el evento más importante que se ha hecho hasta la fecha en nuestra comunidad, afirmó con orgullo.
PARA TERMINAR. LOS SERES HUMANOS POR NATURALEZA SOMOS proclives a los resentimientos, trayendo como consecuencia la infelicidad y la ruina moral.
Resentimiento no es otra cosa que experimentar de nuevo lo que ya vivimos de forma negativa y que por mala fortuna nos lacera el alma y hace que si alguna vez pensamos en el perdón, éste se posponga y de llegar lo haga de modo más tardado –cuando bien nos va- pero también podría, en el peor de los casos, nunca buscarlo u otorgarlo.
En cierta ocasión platicaba con un buen amigo mío y éste me decía que por la vida que tuvo en el entorno familiar, guardaba rencores fuertes y resentimientos muy agudos contra el autor de sus días.
Fueron bastantes años en los que el rencor y el odio acumulado contra su padre formaron un glaciar de indiferencia que se empezó a derretir cuando después de muchos intentos fallidos por reconciliar sentimientos, una tarde vio las manos de su padre arrugadas por los efectos del tiempo y eso, me contó, eso hizo que desistiera con ese defecto de carácter que me acompañó tanto tiempo.
Esa tarde en que miré sus manos ca-llosas y arrugas producto del esfuerzo; las sienes pobladas de una blanca y espesa canosidad; su mirada opaca y casi perdida en el tiempo, me impactaron. Empezamos a conversar como si fuéramos viejos amigos y tras larga charla entonces comprendí que fueron muchos años en los que jamás tuve la delicadeza de cuestionar el por qué actuaba así mi padre, entendiendo de lleno y justificando a la vez, su conducta.
Hoy, me confesó mi amigo, vivo tranquilo, sin ése halo de infelicidad, sin tener que preocuparme por enfrentarme al “viejo” de un modo razonable y apacible a más de cariñoso. El don del perdón, remató, es una gracia que Dios es el único capaz de dar y a nosotros los humanos nos compete hacerla efectiva en una rúa de doble sentido.
El perdonar es una dádiva que pocos hacemos uso de ella. Deberíamos utilizarla con más cotidianidad. Del resentimiento al perdón hay una distancia muy corta, simplemente es cuestión que sepamos cómo hacerla desaparecer. He dicho.