Por Ventura Cota y Borbón III
Estaba sentado en una de las bancas de la plaza Trece de Julio –más conocida como del Quiosco- y a un costado mío, una pareja de ancianos platicaban armoniosamente. Me llamo la atención el cariño que ambas personas se prodigaban una a otra. Estaban abrazados y de vez en cuando se daban un beso.
La señora le decía muchas cosas amorosas a su pareja y él le correspondía con otras palabras similares. Pero la frase que me puso a cavilar y que incluso muchos de nosotros en algún momento de nuestra vida hemos pronunciado, es la siguiente que la damita soltó al caballero: “Te quiero con todo mi corazón”.
Si de acuerdo a la ciencia, la glándula que regula los sentimientos humanos es el hipotálamo, ¿por qué necesariamente tenemos que decirle a nuestra media naranja que la amamos o queremos con todo el corazón?
Es verdad que siempre la glándula cardíaca ha sido el símbolo de amor, de amistad, de fraternidad y de todo lo que conlleve a la armonía, pero de allí a que la utilicemos con frecuencia para darle una idea a nuestra pareja de cuán grande es nuestro amor, pues es lo que me produce rareza, por decirlo de alguna manera.
Aunque suene extraño podríamos decirle por ejemplo: “Amor te quiero con todo mi hipotálamo”, o incluso si hemos de sustituir al corazón podemos decirle “Amor te quiero con todo mi hígado” o “te quiero con todo mi riñón” o llanamente “Amor te quiero con toda mi nalga”. Y así podríamos sustituir cualquier órgano o parte de nuestro cuerpo, total si el corazón sirve para demostrar nuestro cariño, ¿por qué hemos de discriminar a los demás componentes de nuestro cuerpo?
Por eso a partir de hoy a mi esposa le voy a decir que la amo con todo mi estómago. Es poco romántico, pero comprenderá que mi amor es inmenso por aquello de que estoy muy panzón.
Hagan la prueba amigos…