jueves, 16 de junio de 2011

Rincón de la Orientación (Edición No. 218)

Educando sin límites
Por Lic. Psic. Alfredo Villalobos Gro.
Hablar sobre los límites en la educación familiar, es un tema de hoy y a su vez interesante; quien los pone (los limites) siente algunas veces un sentimiento de culpa y quien los recibe se siente lastimado en su autoestima y persona, esto ocurre generalmente cuando no se conoce la esencia de la enseñanza de dichos limites. Sin duda, enseñar a los hijos desde temprana edad hasta donde pueden llegar, hablando de su conducta, nos permitirá en un futuro tener adultos más congruentes, respetuosos y seguros de sí mismos; posiblemente personas menos violentas.

Los límites tienen su aplicabilidad y uso durante toda la vida, es decir en todas las etapas del ser humano y en cualquier circunstancia; por ejemplo, en los hijos, entre los hermanos, en la pareja, entre los amigos y en el trabajo. Su raíz radica precisamente en la temprana enseñanza de ellos.

¿Cuántas veces nos ha tocado observar cuando un niño hace rabietas por algo que quiere, llora, se revuelca y grita? ¿cuántas veces un niño simula llorar para pedir algo? ¿cuántos adolescentes no respetan las reglas de la casa, hacen lo que ellos quieren y llegan cuando les parece mejor? ¿cuántos empleados no abusan de la buena disposición de sus jefes, faltan, son apáticos? Son tantos los ejemplos que no cabrían en una nota.

¿Qué son lo limites? Se entiende como aquellas prohibiciones que se les imponen como enseñanza a los hijos, acompañadas de dedicación y afecto, que llevan una dirección y son de carácter formativo. En otras palabras, cuando usted o yo, les llamamos la atención a nuestros hijos en las situaciones donde hay un tope en su comportamiento, éstas deberán de ser lo más afectivas posibles y congruentes, con su respectiva explicación del porque se prohíbe tal cosa o actitud, cuyo fin es el mejorar como personas.

Poner límites no está en sólo decir “no lo hagas”, “no es tuyo”, “estate quieto”, etc. Cuando se grita y humilla se lastima, creando inseguridad y amargura, pero, sobretodo se pierde el respeto y la credibilidad en los padres.

Es importante no perder la cordura, el ser amable cuando trate de llamar la atención y corregir, no es sinónimo de ser débil, sino de firmeza en lo que se dice.

Lo cierto es que entre más temprana sea la edad de su enseñanza, su efectividad será mucho mejor. Es necesario, que ambos padres se pongan de acuerdo con las decisiones que se tomen, hasta dónde se marcarán los topes de conducta sin contradecirse entre ellos, esto sería lo peor que se podría hacer ¡Recuerde los hijos son de los dos¡ y los dos deberán tener participación en la enseñanza. Y algo muy importante, en la enseñanza de los límites existe un ingrediente mágico, que sin él no se podría llegar al aprendizaje y se llama ejemplo. Es necesario ser muy congruente con ello, ¡Prediquemos con el ejemplo¡ Ser padres es también aprender no lo olvide.

Bibliografía recomendada: “Cómo poner limites en los hijos”, de Abad Jiménez; “Poner límites es una forma de dar amor hijos”, de Ernestina Rosendo; “Cómo poner a tus hijos límites sin dañarlos”, de María Angélica Verduzco Icaza.

Me despido deseando lo mejor para usted y su familia.
Para dudas y comentarios: alfredovillalobos1@hotmail.com