Jesús Susarrey
Los viejos cuentos del partido dominante y de la “elección de estado”
muestran su obsolescencia e inutilidad para imponer proyectos y toman por
sorpresa a las élites políticas sonorenses. Si antes de la alternancia
del 2009, el PRI como partido en el poder tenía la opción de manipular con
relativo éxito algunos de los dispositivos democráticos y controlar opiniones,
grupos e intereses para garantizar su permanencia en el poder, lejos se ve el
PAN de lograrlo por esa vía y en ocasiones parece que los
estrategas de su candidato no han encontrado la fórmula para descifrar el nuevo
paradigma. Tampoco sus opositores aparentan comprenderlo del
todo.
Del pluralismo al escrutinio público de candidatos
No es desde luego que nuestros procedimientos democráticos se hayan
consolidado, ese es otro tema, simplemente que la forma de hacer política
y las acciones que despliegan candidatos y actores políticos son menos eficaces
que antaño para construir liderazgos, concitar apoyos y capturar el voto de
manera suficiente. Aún arrogándose indebidas practicas electorales, ninguna de
las opciones puede garantizar su victoria. La relativa libertad de expresión y
la posibilidad de escudriñar en trayectorias políticas y expedientes personales
que la nueva tecnología y el pluralismo permiten, incentiva también la
descalificación del adversario y la promoción del voto de
castigo.
La democracia electoral es finalmente terreno de la incertidumbre y sólo el
conteo de los votos determina el resultado. Quien aspira al poder debe tener
ahora la capacidad para convocarlo y establecer esa necesaria relación de
confianza con el elector, buscar más allá del voto duro y del acuerdo
cupular. Debe sujetarse inexorablemente al escrutinio ciudadano, a la denuncia
pública, a la crítica y, por supuesto, a la arenga de sus adversarios. Esa
habilidad para sortear dificultades, para dirimir el conflicto, antes propio de
unos cuantos es hoy exigencia para todos. Dice bien el siempre polémico
escritor y ex canciller Jorge Castañeda que “en política todo
error, su daño no brota de la equivocación en si misma, se origina en el uso
que de ella hacen los enemigos”.
El escenario muestra enormes retos, sobre todo para el PAN. El respaldo a
su candidato Javier Gándara es electoralmente significativo,
se le reconocen virtudes cívicas y capacidad en el desempeño. Ha desplegado una
estrategia de mercadotecnia centrada en la participación ciudadana con “el
sonora que todos queremos”; en los atributos personales y en el reiterado
énfasis en las propuestas. Acertada y suficiente según el cálculo de sus
asesores, pero el panorama debería motivarlos a la reflexión.
¿Errores de estrategia de Javier o acierto de Claudia?
La candidata Claudia Pavlovich desde el arranque posicionó
su proclama de un “gobierno honesto y eficaz” y la exigencia de probidad
y pericia en el gobierno estatal. En un entorno de desconfianza y escepticismo
ciudadano el tema no tardó en colocarse en la agenda política. El candidato
Javier Gándara se sustrajo de la discusión en momentos en que a nivel nacional
se delibera públicamente sobre la manera de evitar la improbidad gubernamental
y en los que en Sonora más que elegir gobernador, el proceso electoral parece
un plebiscito a la actual administración que arrastra sospechas de desaseos e
impericia. Hay quienes afirman con razón que en política no hay espacios
vacíos.
Renunciar a ellos es en la práctica autorizar a otro su ocupación.
Si en la pluralidad política la oposición privilegia la propuesta que contrasta
y el análisis crítico del quehacer público, en Sonora quizá más por pragmatismo
electoral que por convicción pero en conjunto se sumó al reclamo. La honestidad
y la eficacia es hoy exigencia de todas las corrientes políticas opositoras
como se evidenció en al pasado debate. Si el capital político y la imagen del
candidato panista es suficiente para contrarrestarlo es una interrogante a la
que sus asesores sabrán responder con mayor objetividad, pero los datos
conocidos sobre las tendencias electorales no auguran respuestas del todo
gratas.
Las filtraciones y denuncias sobre escandalosos abusos del poder imputados
a los candidatos punteros complica el escenario. No nos referimos a su
veracidad o falsedad sólo a su procesamiento. El pluralismo junto con la
tolerancia y la responsabilidad política, forman la triada que en democracia
termina por exhibir despropósitos y reparte sus consecuencias. La dinámica
requiere sin embargo de la réplica puntual, de la exigencia de la prueba a
quien incrimina y de la actuación expedita de la autoridad sancionadora.
Extrañamente poco de ello se ha presentado y el escepticismo de la sociedad
civil acentúa la desconfianza en toda la sociedad política.
El aparente error estratégico del equipo de campaña del candidato Javier
Gándara desde luego que no lo condena a la derrota, ni el acierto en el enfoque
de la candidata Claudia Pavlovich le garantiza el triunfo. Ambos registran
simpatías y adhesiones muy consolidadas y los resultados de las tres últimas
contiendas a Gobernador arrojan una alta competencia y diferencias menores al
5%, que coincide con las mediciones recientes. En tanto los contendientes no
muevan sus variables poco hay que decir. El respaldo de actores
nacionales a su causa quizá sea relevante para algunos e irrelevante para
otros, pero su rechazo una incomprensible señal de intolerancia. El nuevo
paradigma exige consideración para todas las expresiones políticas