El director de cine Nicolás Echevarría habla de su último
trabajo 'Eco de la Montaña', un retrato de la vida y obra de los huicholes,
indígenas mexicanos
Óscar Granados/ El País
Nicolás Echevarría (México, 1947) ha probado casi de
todo en esta vida. Ha sido músico, pintor y arquitecto. Como cineasta se ha
dejado llevar por el mundo indígena. “Siempre me ha interesado documentar sus
ritos y costumbres, no como un etnólogo o antropólogo, sino como un contador de
historias a través de imágenes”. Esta ocasión ha puesto la mira en la vida y
obra de Santos de la Torre, un artista huichol —una etnia extendida por
los estados mexicanos de Nayarit, Jalisco Zacatecas y Durango— que desde hace
17 años expone una de sus obras en la estación del metro Palais Royal, a
unos cuantos pasos del Museo del Louvre en París.
Alejado de la pantalla grande desde hace más de una
década, Echevarría recibió, en 2011, una propuesta que no podía rechazar. El
productor de cine Michael Fitzgerald le planteó hacer un documental
que reflejara la historia de sobrevivencia del mundo huichol a través de Santos
de la Torre. De inmediato, el realizador hizo las gestiones para visitar al
artista “Fui a ver a Santos, pero para llegar a su casa tuve que caminar más de
10 horas, no había forma de llegar en coche”.
Así nació Eco de la Montaña, que es la traducción de Motoapohua el
nombre huichol de Santos. Un filme en el que Echevarría plasma el peregrinaje
del artista huichol a Wirikuta, el sitio sagrado de esta etnia, en donde pedirá
permiso a sus deidades para hacer un nuevo mural, de las mismas dimensiones al
que está en Francia. “Este es un viaje de más de 1.000 kilómetros, que abarca
los Estados de Jalisco, Nayarit, Zacatecas y San Luis Potosí, recorremos la
ruta del peyote, el objetivo es hacer el mismo camino que hicieron los
antepasados cuando dieron origen al mundo”.
“Santos, como su pueblo, vive prácticamente en el
olvido”, dice Echevarría. El cineasta detalla que en 1997 el Gobierno mexicano
encargó al indígena la elaboración de una pieza que reflejara las devociones
del mundo huichol. El artista indígena realizó un mural con más de dos millones
de chaquiras —diminutas cuentas— que Ernesto Zedillo, el entonces
presidente de México, obsequió a su homónimo francés Jacques Chirac. A la
inauguración no se invitó al autor. “En vez de ir a Francia fui a mi tierra a
levantar cosecha”, dice Santos de la Torre en el documental que sigue el
proceso creativo de la nueva obra que ilustra la historia, mitología y
prácticas religiosas de su pueblo.
Durante el camino a Wirikuta, Echevarría lleva al
espectador por un mundo de ritos, en donde hay sacrificios animales y plegarias
a la naturaleza. “El peyote es el tercer ojo, el de Dios”, argumenta De la
Torre durante el documental. Este huichol cree en este alucinógeno como la
llave para trascender el mundo profano, como un intermediario entre el hombre y
las deidades. Su pueblo lo come desde hace siglos.
“Los mexicanos hemos olvidado este misticismo”, arguye
Echevarría, quien ganó el premio Mezcal este año en el Festival Internacional
de Cine en Guadalajara con este documental. “La metáfora de la peregrinación de
Santos significa: o todos caminamos juntos o el mundo se va a acabar y no
seremos nada”, dice este realizador que piensa que los hombres deben alimentar
y cuidar de sus dioses: “Hay que proteger a la tierra, los sitios sagrados y
los vehículos para acercarse a lo divino”, destaca. Su afirmación aun es más
profunda: “En Wirikuta hay una entrada mítica que llaman ‘La puerta de las
Nubes’, quienes pasan por ahí están aptos para cruzarla y comer peyote… Con el
peyote se llega a las entrañas del alma”.