Ventura Cota Borbón
Hace un mes y medio aproximadamente,
el departamento de Tránsito de Guaymas, llevó a cabo un programa para
concientizar a quienes conducen vehículos automotores de hacer uso tanto del
cinturón de seguridad, evitar hablar por celular mientras se conduce y ponerse
el casco en el caso de los motociclistas.
Se puso un plazo
hasta este uno de noviembre para que quienes no están acostumbrados a esos
menesteres, sugeridamente a fuerzas, se acostumbren ya que quienes sean
sorprendidos infringiendo la ley en esos actos en particular, serán fuertemente
sancionados.
En pocas palabras: te
abrochas o te abrochan.
Lo que pasa es que la
ley es muy clara y los guardianes de la ley de Tránsito no proceden contra esos
violadores porque les sueltan una feria o simplemente ignoran el reglamento que
desde hace muchos años están contempladas las infracciones que hoy ya exigen.
Por ejemplo aunque se
supone la ley no se negocia, ayer muy temprano miré a la altura de la calle 9 y
García López, a un “cumplido” agente de Tránsito, que estaba “bolseando” a un
motociclista que aunque llevaba el casco, no lo iba usando. Eso indica que más
que entrar dinero a las arcas del tesoro municipal, irá a parar a la bolsa de
los policías y demás runfla de servidores públicos.
Cuando menos es la
idea que tenemos cuando se emprenden acciones de ese tipo. Ojalá esté
equivocado, pero como dice el dicho: La mula no era arisca…
De cualquier modo by de flies –por si las moscas-, quien
esto pergeña desde hace años hace uso del cinturón y no porque sea persuadido
por una multa, sino porque es un implemento que no viene de adorno en los
carros por ende hay que aprovecharlo. Si te amarras, te puedes salvar en un
accidente. Hagámoslo por convicción no por coacción.
No demos motivo para
que haya corrupción: usemos el cinturón, evitemos el teléfono mientras
manejamos y pongámonos el casco, finalmente ¿qué nos cuesta? Caso contrario nos
puede costar la vida y un fuerte desembolso económico cuando mejor nos vaya.