Ventura Cota Borbón
Una mañana de octubre
de 1974, la maestra Clara Valenzuela
quien era la encargada de cuarto grado “A” en la escuela primaria Loreto Encinas de Avilés, nos anunció a
su grupo de alumnos que a partir del lunes siguiente a esa semana las clases a
las que acudíamos por las tardes llegaban a su fin. ¡Lástima!, sólo exclamó la
estimada profesora.
Cuando estuve en la
primaria, íbamos a la escuela en un horario de 8 a 12 horas y regresábamos en
la tarde de 14 a 16 horas. La Educación en aquéllos tiempos, siento yo, que era
más completa y además del tipo de programa que ponderaba, los profesores
estaban más comprometidos con su labor y con la niñez a la que se encargaban de
iluminar.
Lástima, dijo la
maestra Clara en aquél tiempo y yo la secundo: ¡Lástima y lastima que hayan
reducido la cantidad y calidad de las clases. Los resultados negativos, es inútil mencionarlos.
Viene a cuento todo
este amplio prolegómeno debido a que el día de hoy, aunque ya en otras escuelas
arrancó como un programa piloto el horario o clases de tiempo completo, en la
escuela donde labora mi hija, empieza con una extensión de horario y será la salida las 16 horas.
La Secretaria de
Educación y Cultura determinó que en el poblado La Cuadrita, haya ampliación de
horario de la Educación con el objeto de que los alumnos o ciertos alumnos se
regularicen en sus materias y haya más oportunidad de que aprendan más.
Ojalá regresáramos a
tiempos pasados, cuando menos en esa área. Las escuelas –todas-,
particularmente las primarias o de educación básica incluso, amplíen sus
horarios de clases y que haya una prueba perentoria para ver si el alumnado
progresa o simplemente ese experimento fracasa.
Los chamacos no andan
muy bien que digamos. Algunos profesores no andan muy bien que digamos y por
supuesto no hay que satanizar ni al alumnado ni al personal docente. En eso
todos, incluidos los padres de familia, somo co-responsables de que eso mejore. la señora Gordillo forma parte del problema, pero eso eso es otra cosa.