sábado, 3 de diciembre de 2011

Vanitas vanitatum et omnia vanitas

Por Ventura Cota y Borbón III
Salvo su opinión, la vanidad es una manera de exaltar el ego y por supuesto que todos los seres humanos no podemos prescindir –no, cuando menos motu proprio-, de ese defecto de carácter o pecado (según dice la Iglesia católica, apostólica y romana) en ciertos momentos de nuestra existencia.

Viene a colación el pequeño prolegómeno debido a que recientemente durante una conferencia de prensa tuve un pequeño incidente con un colega de la profesión del periodismo. Éste, queriendo parecer gracioso o pretendiendo hacer mofa de mí, hizo un comentario respecto a mi teléfono celular.

Desde hace años, prácticamente desde que uso ese artefacto, siempre los he adquirido de funcionamiento sencillo. Es más, he tenido oportunidad de hacerme de esos celulares que traen una serie de cosas de mucho adelanto, pero la verdad, se me complica su funcionamiento. Soy de la vieja “ola”.

El compañero de marras, cuando vio que saqué mi Motorola modelo W 175 –más viejo que Matusalen-, para responder una llamada, en un afán de hacerme sentirme mal o burlarse de mí, me cuestionó: “¿No te da vergüenza sacar esa porquería de celular?, por tu puesto como director de un medio debes actualizarte y comprar un Blackberry”, dijo mientras se reía.

La verdad, soy tolerante y “aguantador” y pocas veces respondo a las provocaciones, no obstante le contesté de un modo igual: “No me da vergüenza. A quien debería darle es a ti por andar de “chayotero” y pedigüeño”.

No me dijo nada y el conato de charla allí quedó.

Sin embargo, posteriormente me apené de haberle contestado así, por lo que a través de este medio y por que sé que lo lee, ofrezco una sincera disculpa a mi compañero a quien no debí decirle lo que le dije, independientemente de lo que haya pasado, mi deber es conducirme con mesura si ellos no saben hacerlo.

Un abrazo amigo, pero sigo pensando que usar un teléfono de última generación, puede ser útil para algunos, en mi caso sería pura vanidad.