miércoles, 16 de noviembre de 2011

Motu Proprio

Décimo Segundo Aniversario y avantes
Buques de nuevo...
Por Ventura Cota y Borbón III
Era un sábado 25 de enero de 2003 cuando llegué a la Mueblería del Pacífico en busca de Esteban Terrazas Aguirre, propietario de la revista Sin Límite Avante, para solicitarle trabajo, ya que recientemente, por la muerte del capitán Erich Linde Verlin, dueño de la empresa para la que estuve laborando cerca de siete años (Scanbrokers, SA de CV), se había cerrado y nos liquidaron, quedándome sin trabajo formal.

Me encontré con el empresario del mueble prácticamente en la puerta, ya que él iba de salida rumbo a la Ciudad de México y aun sin exponerle el motivo de mi visita, me dijo que me andaba buscando para hacerme una propuesta de trabajo y que regresara el sábado de la siguiente semana a las once de la mañana.

A Esteban Terrazas lo conocí desde 1970, por lo tanto, para esas fechas ya habíamos tenido contacto previo, primero como su cliente de muchos años y después cuando me dio oportunidad de publicarme artículos en la revista que en ese tiempo se llamaba Avante. El Sin Límite llegó después, mucho después.

Acudí en la fecha que me citó y a bocajarro me propuso hacerme cargo como coordinador de la revista cuya dirección estaba en manos de Guillermo Urías Ayala. Aunque yo iba con la firme intención de ofrecer mis servicios como corrector de estilo y escribir de vez en cuando una columna, obvio me sorprendió su propuesta.

Antes de llegar con Esteban ya tenía un poco de “experiencia” en editorial y columna e incluso en reportaje en el hebdomadario que dirigía mi colega y amigo Víctor Fonseca Jacques, no obstante nunca fue mi intención entrar de lleno a la profesión.

Me hizo una lista interminable –eterna para mí-, de todo lo que serían mis obligaciones; y debo ser sincero, muchas de las cosas que enumeraba en la lista de marras, las desconocía, mas como nunca le he temido a los retos ni al trabajo, acepté de inmediato.

El lunes 3 de febrero me presenté a trabajar en las oficinas de la revista que en aquellos años se encontraban en la calle 15 y 16 Av. 15. Dos semanas después nos mudamos a donde desde esa fecha estamos: calle 17 y 18 Calz. García López No. 168. Tras la presentación de rigor, empecé mi labor como coordinador.

Sin Límite Avante estaba preparando el número 20 del año III. En portada aparecieron los precandidatos del PRI a la alcaldía, Antonio Astiazarán y Carlos Zataráin. También en ese número iba la Dra. Blanca Camacho en portada, ella estaba al frente de la COAPAES –hoy CEA.

Ya para la siguiente edición, la número 21, Guillermo Urías Ayala emprendió otro proyecto y renunció a la revista, optando el propietario de la misma, Esteban Terrazas –lo repito constantemente por que aún después de nueve años, hay muchas personas que creen que su servidor es el dueño-, por ofrecerme la dirección. Por supuesto y sin dudarlo acepté la nueva responsabilidad.

Desde un principio en que asumí la cabeza de este medio, me di a la tarea de buscar mejoras en el contenido y diseño. Se contrató a un muchacho de Hermosillo, por cierto excelente diseñador y él nos echó la mano en los cambio de forma y fondo.

Una vez que teníamos un producto de mejor calidad, buscamos ampliar la gama de colaboradores, es decir a los ya existentes como Rodolfo Peña Fárber, María Antonieta Fragozo de Hirales y Asención Sánchez, “El Tibo”, se sumaron el profesor Alejandro Ramírez Cisneros, el recientemente desaparecido y polémico periodista José Guadalupe Rodríguez Ochoa (Zurdo), Fernando Villa, Blanca Toledo Minutti, una damita que signa sus excelentes columnas como Aleotis, en el área de apoyo emocional, los licenciados en psicología Alfredo Villalobos Guerrero y mi hermana Norma Maribel Cota Borbón. Claro que hay muchos más que aunque algunos ya no están con nosotros, fueron en su momento pieza clave para que el proyecto fuera consolidándose año con año.

Hay que decirlo de modo puntual y con los puntos sobre las íes, que por supuesto el aspecto monetario que sobre sus hombros ha cargado desde siempre mi patrón y amigo ha sido factor preponderante para que este medio siga vigente y con gran pe-netración en los lectores por su versatilidad y pluralidad, sin faltar además de los ya mencionados lectores, la ayuda invaluable e irrestricta de los colaboradores.

Debe existir un binomio que jamás tenga que escindirse: Colaborador-lector. Ellos, son el alma de la publicación. Uno sin el otro no es posible. Pero aún más importante, es la motivación que nos mantiene a la vanguardia de que cada quince días salgamos con más ímpeto y desparramemos nuestras ideas que aunque a veces son ajenas, igual las divulgamos para entretenimiento del público. Siempre hemos tratado de ser diferentes a otros medios –y lo digo con respeto-, a veces lo logramos y otras no, pero el intento no lo dejamos nunca.

Así es que amigo lector-lectora, sirva este número 228 para celebrar aunque sea de un modo discreto, los primeros doce años de vida de Sin Límite Avante y por ello desde el pasado 10 de noviembre estrenamos una página cuyo enlace es el siguiente: www.sinlimiteavante.com/
Estoy seguro que todo el esfuerzo ha valido la pena por que lo único que alimenta a Sin Límite Avante, en el sentido estricto de la palabra, es que el público lector mantenga su deferencia y nos siga apoyando, esperando obviamente que sean muchos años más de permanencia aunque quien esto pergeña sólo esté tres años más, eso si Dios primero y Esteban, segundo, así lo quieren, por que estoy seguro que usted amable lector, seguirá aguantándome.

Parafraseando a don Jorge Enríquez Valle cuando dice: “Sin Límite Avante, la revista que llegó para quedarse…”. Esa es la intención, amigo lector, ayúdenos a que así sea.

Alea jacta est.

YA PARA FINIQUITAR ESTE BODRIO periodístico, después de casi dos años de receso obligatorio, llegó con ímpetu el trabajo que paralelamente atiendo con esta encomienda de la dirección de este medio: un par de buques.

Y lo mejor de todo, es que llegaron en “bola”. El pasado sábado 12 de noviembre tuve la oportunidad de abordar un par de barcos mexicanos, el Tula y el Tulum, ambos de cabotaje y propiedad de la empresa TMM, trabajando para PEMEX –la empresa de todos los mexicanos.

Se me encomendó efectuar de manera aleatoria, un antidoping a treinta miembros de la tripulación de ambos buques. Aunque el trabajo estuvo pesado, ya que requirió que su servidor y un asistente pasáramos prácticamente todo el sábado en las instalaciones de la terminal de PEMEX, valió la pena por que marcó el regreso muy significativo de una actividad que estaba dormida por causas muy conocidas.

Espero que los siguientes buques, lleguen con la periodicidad que anunciaron y que Dios nos siga favoreciendo con la fortuna de tener salud para sacar avante el trabajo. Una vez agarrando vuelo, nadie nos para y la crisis monetaria se acaba.

Así es esto de ser agente consignatario de buques. Llegan “rachas” fuertes de trabajo y después, como la llama de una vela se consume, del mismo modo disminuye el mismo. Por ahora hay que aprovechar la “recta” y batear hasta donde se pueda. Cuán afortunado soy. He dicho.