lunes, 28 de noviembre de 2011

Las realidades de otros...

Por Golden Lion
** (Dedicado a Blanca Toledo Minutti y la ciudad de Salina Cruz, Oax.)

El amanecer trae consigo a los indigentes, a los teporochos, a ancianos seniles abandonados a su suerte y a uno que otro demente quienes emergen de sus múltiples e inverosímiles escondites para iniciar su eterno ritual matutino: la afanosa búsqueda del precario alimento que puedan procurarse para subsistir un día más.

Realidades cotidianas que se viven en mi ciudad y que forman parte de la vida diaria del ciudadano de a pie común; constituyen fragmentos del pintoresco decorado viviente que ofrece esta ciudad para quienes deciden visitarla o vivir allí.

Para los locos, cada día se les presenta como una nueva oportunidad para vivir su realidad rodeados de seres invisibles que les murmuran al oído cosas que solamente ellos entienden mientras se pierden y mezclan entre el conglomerado de gente que acude con los primeros rayos del sol al mercadito municipal a realizar las compras de cada día.

Los fines de semana por la noche, en la esquina de la calle que cruzan los rieles por los que alguna vez circuló el ferrocarril, hacen acto de presencia engalanadas con sus mejores prendas o de manera atrevida, con la esperanza de atraer algún cliente, prostitutas gordas y homosexuales de rostros caballunos y voces fingidas; también se dan cita allí borrachos sin remedio y uno que otro vividor.

Muy temprano por la mañana, cada sábado, el mercado ambulante hace las delicias de chicos y grandes quienes se internan en él buscando las novedades que traen consigo los vendedores o simplemente se detienen a disfrutar, en un ya de por sí abarrotado puesto de comida, un sabroso taco de carnitas. Mujeres de largas trenzas, amplias bizuudi’ y coloridos bidaani’ surcan constantemente las calles hablando entre ellas en dialecto y llevando sobre sus cabezas cestas o tinajas donde transportan camarón y pescado seco, frutas o verdura que van ofreciendo a los transeúntes con voces plañideras o cantarinas a la primera oportunidad que se les presenta.

Los días de fiesta se suceden aquí uno tras otro sin que pueda llevar una cuenta exacta de cuando, cómo y qué celebran con tanto afán; las calles y las “enramadas” poco a poco van llenando el ambiente con una explosión de bordados de vivos colores y joyería con los que engalanan las mujeres sus atuendos y su persona. La música, el baile y la cerveza se adueñan del sitio, algunas veces hasta por tres días seguidos, sin que los convidados se preocupen de otra cosa que no sea el divertirse.

Gente orgullosa de sus raíces, idioma ininteligible, coloridos trajes, exóticos y suculentos alimentos comulgan armoniosamente con el mezcal, las tradiciones locales y el calor sofocante que reina durante la mayor parte del año en este lugar.

Vivo descubriendo realidades de otros y disfruto día a día de esta ciudad llena de peculiares olores, sabores, sonidos y colores rodeada de gente ante cuyos ojos, idioma y creencias soy diferente; soy una huada’, una extranjera en mi propia ciudad.

Golden Lion
salamandra1313@gmail.com