lunes, 28 de noviembre de 2011

Cacería y toros

Por Ventura Cota y Borbón III
La mayor parte de los animales, animales –no las bestias que pululan de dos pies-, cazan o matan a sus presas sólo para alimentarse y no por otra causa distinta.

Hay un canal en la TV exclusivo sobre cacería. En él se ven a una bola de estúpidos individuos agazapados en espera de una presa. Y descarnadamente sin ninguna misericordia, emprenden su soberbia embestida matando simplemente por matar. Por placer.

Los pobres animales, indefensos ante la estupidez humana, caen sin comprender el por qué de su muerte.

Ver esas escenas –que evito siempre por salud mental-, me producen una especie de molestia y enojo. Con las ganas que se invirtieran los papeles y los animalitos atacaran a sus victimarios.

Otra de las cosas que me produce enojo, es la llamada Fiesta Brava. En esa estupidez inventada por el hombre, con saña lastiman a un pobre toro que su único afán de defensa en atacar o embestir.

Se mira cómo los pobres cornúpetas sufren bastante antes de que el “matador” los sacrifique, cuando mejor le va, ya que hay ocasiones en que por su bravura –la del toro-, le “perdonan” la vida.

Por ello cada vez que un toro coge a un torero y lo mata, sinceramente me alegro. Una de cal por las que son de arena.

Ser cazador y torero, entre otras actividades lúdicas, es una estupidez que debería irse erradicando.

Quien mata por matar, es un inhumano y debe pudrirse en el INFIERNO.

Todo aquel que hace daño a un animal -sea la raza que sea-, es un imbécil.

Mi admiración y respeto para el escritor colombiano-mexicano Fernando Vallejo, quien todo los premios que obtiene los dona íntegramente a entidades protectoras de animales. Recientemente, los ciento cincuenta mil dólares que ganó en el Festival del Libro en Guadalajara, tuvo ése noble fin.