sábado, 11 de junio de 2011

Otro más y abuelos

Por Ventura Cota y Borbón III
Aumentos
A partir de hoy sabadito lindo, el gobierno del señor Felipe Calderón asesta su sexto golpe de este año 2011 en nuevo incremento a las gasolinas. El litro (es un decir, puesto que jamás lo surten completo) que hasta ayer costaba nueve pesos con dieciséis centavos, aumentó ocho centavos quedando éste en $ 9.24.

Así cómo pues. Y sumado a eso, el secretario de Hacienda, Ernesto Cordero -quien por cierto anda como loco haciendo proselitismo para la presidencia-, recientemente declaró que el poder adquisitivo del salario mínimo ha aumentado. Este señor dice cada burrada. Es el autor de aquella frase de que con seis mil pesos mensuales se puede vivir como rey. Al fin y al cabo una vez declarado se retracta de sus tonterías.

Esto de comentar sobre los incrementos mensuales a los hidrocarburos, es simple costumbre, ya que como en el caso de la guardería ABC, todo queda en gritos y sombrerazos y no se llega a nada positivo para que el gobierno Federal haga conciencia.

Mis abuelos
Ayer durante la reunión familiar que sostuvimos con motivo del enlace matrimonial de mi sobrina Nancy Viridiana Lucero Cota con el joven teniente de corbeta, José Luis Maldonado, platicábamos sobre los ancestros que ya abandonaron este mundo.

Mi tía Pina (se llama Agripina, pero no le gusta que la mencionen con el nombre completo, he allí la razón del apócope), hermana de mi padre, don Ventura Cota Reyes, nos platicaba anécdotas de su padre, nuestro abuelo don Ventura Cota Mendivil, a quien no conocí puesto que falleció el 21 de enero de 1961 y yo nací dos años después. En dicho ágape estaba también mi prima Ana Cecilia Nópery Cota, a quien tampoco veía desde hace años y ella sí tuvo la fortuna de convivir con el abuelo.

Ello por el lado paterno. Por parte de mi madre María Dolores Borbón (QEPD), mi abuelo don Antonio Borbón lo conocí y traté diez años, tiempo suficiente para quererlo. Él con su singular modo de hablar, nos contaba de sus "aventuras" juveniles. Mi abuelo era un hombre alto, fornido, peludo, calvo, paradójicamente, pero muy tierno. Por su diabetes le habían amputado una pierna y así se fue a la tumba en junio de 1973.

Caso contrario fue el de mis abuelas. Con ellas sí tuve la dicha y suerte de verlas muchos años. La madre de mi padre, Agripina Reyes Huerta -de allí el porqué del nombre de mi tía Pina-, prácticamente vivió su vida en casa de mis padres. Nos crió desde que nacimos a mis hermanos y a mí. Fue una mujer muy sana y la única vez que enfermó, fue para irse. Murió en julio de 1983.

Mi abuela Rosario López, ella también estuvo con nosotros bastantes años. Fue una ancianita muy longeva. Tenía 98 cuando entregó su alma a Dios. Lo curiosos del caso, es que al igual que mi abuela paterna, mi nana Chana, siempre estuvo lúcida y conservando sus facultades tanto mentales como físicas en excelente estado.

En fin, la noche de anoche fue muy ATM en todos los sentidos. Reunió a familiares que teníamos años que no lo hacíamos y es en este tipo de acontecimientos felices, sólo es cuando nos vemos o hay veces en que la muerte nos reune, esperando que sean más los momentos de felicidad que de tristeza.