miércoles, 1 de junio de 2011

Motu Proprio 217

Multis del ISSSTE
Recuerdos de San Fernando
La batalla por el poder
Por Ventura Cota y Borbón III
Los multifamiliares del Issste se terminaron de construir en abril de 1959. Una obra del gobierno Federal para los trabajadores burócratas. Allí moraron muchas personas de todos tipos y colores, nací en ese barrio y treinta y seis años de los cincuenta con que casi cuento, conviví con muchas de ellas. Recuerdos inolvidables de mi niñez y juventud.

En ese lugar tuve mi amor platónico. Allí el administrador de esos edificios, César Higuera, me puso como apodo "El bombero", ya que desde las azoteas llenaba bolsas de plástico con agua y a quien fuera pasando por los pasillos, le lanzábamos la "bomba" bañándolos de pies a cabeza.

En esos edificios aprendí a ganarme el dinero desde muy temprana edad haciendo mandados a los inquilinos, ayudándoles a ba-rrer los pasillos, vendiendo revistas que me encontraba en la basura y ofreciéndolas como nuevas, entre ellas "Los chinitos", boleando zapatos, limpiando vidrios, etcétera. ¡Qué inocencia de chamacos!

Desde las alturas lanzábamos piedras a la casa de la familia Hernández cuando el grupo “Los Apóstoles” del Chunga ensayaban y ellos a grito de micrófono abierto, nos mentaban la madre sin saber quiénes éramos (ahora lo va a saber).

En esos multis aprendí a jugar béisbol en la parte central, entre un edificio y otro. Nos subíamos a los enormes árboles a hacerle al Tarzán. Allí en el "pisito" (así le decíamos a la parte donde está la última escalera) recién había aprendido a tocar guitarra delei-tábamos con nuestro canto a quien quisiera escucharnos, especialmente las morritas de nuestra edad.

En el "calabozo", es decir el cuarto de incineración de la basura, nos escondíamos voluntariamente cuando las travesuras eran muy canijas y a veces César nos encerraba también para escarmentarnos. Cómo le dimos lata al pobre señor Higuera.

De esos multis se lanzó al vacío un buen amigo nuestro. Fui testigo del hecho y quien primero llegó a tratar de brindarle los primeros auxilios. Su cuerpo estaba casi deshecho.

Muchos años después de mi niñez y juventud, allí también llevé mi primera serenata a quien hoy es mi esposa, por cierto me equi-voqué de ventana y le canté a la cuñada.

En fin, esos recuerdos vienen a colación en virtud de que lamento profundamente las condiciones en que los multifamiliares del Issste se encuentran en la actualidad. Tenía mucho tiempo que no subía a la azotea y me encontré un espectáculo francamente deplorable, triste y muy peligroso.

Paredes agrietadas, balcones a punto de derrumbarse, departamentos abandonados, escaleras destrozadas, lavaderos en ruinas, no hay agua, el drenaje representa un enorme foco de infección expuesto al aire libre con los mefíticos "olores", paredes cascarudas en las cuales hace muchos años no les pasa una brocha con pintura, pisos muy inestables, en pocas palabras un completo desorden.

Ya anteriormente hace unos cuatro años hicimos un reportaje sobre el peligro que entraña vivir en ése lugar, sin embargo la necesidad hace que las familias aún permanezcan habitando incluso sobre el riesgo de una fatalidad.

En fin, además del recuerdo que representa en multi del Issste para mucha gente, las autoridades deberían ponerse exigentes y tratar de reubicar a esas personas ya que si dejan el problema para después podría suscitarse una desgracia de enormes proporciones en virtud que entre ambos edificios aún hay alrededor de 40 familias habitándolos.

Los edificios ya cumplieron con su cometido, quienes saben de esto dicen que la vida útil ya se les acabó por lo tanto las autoridades tienen la última palabra.

DESDE MEDIADOS DEL AÑO 2008 me había propuesto no tocar el tema relacionado con la iglesia San Fernando por que en aquélla ocasión, al escribir un breve ensayo sobre el templo insigne de este puerto, y publicarlo en este mismo espacio, me fue como en feria con el párroco coadjutor, Santos Manuel Santoyo David, a quien no le gustó para nada mi reflexión y contraviniendo los cánones ortodoxos que dicta la Iglesia católica, apostólica y romana, es decir pasándose por el "arco del triunfo" la potestad eclesiástica, arremetió contra el suscrito aprovechando la lectura de la homilía dominical y de apóstata, blasfemo, hereje, ingrato y otros adjetivos más no me bajó. Poco le faltó para quitarme el fuero que como católico -de membrete- ostento y hasta la excomunión hacerla efectiva.

Esas ofensas las iba a responder con las únicas armas con que cuento: la pluma, mas a petición muy enfática de mi amigo y colaborador de este medio de comunicación, el profesor Alejandro Ramírez Cisneros, opté por dejarlo por la paz, obrando en mí la prudencia, incluso más que en el propio adalid de Dios. Pero bueno, dejemos ese asunto que hoy no voy a "ofender" a la Iglesia ni a sus representantes, simplemente quiero concretarme a otro asunto más importante.

Yo no creo en las casualidades ni en la transmisión del pensamiento, pero mientras me encontraba ensimismado en mis pensamientos con recuerdos de cosas sucedidas en el templo de marras y casi disponiéndome a redactar este remedo de columna, me llegó al correo electrónico unas fotografías de mi buen amigo, Raúl Espriú, vecino de la iglesia que me ocupa, y en las cuales anexa unas reflexiones sobre el abandono en que se encuentra dicha casa de Dios.

Los recuerdos que se agolparon en mi destartalado cerebro fueron muy diversos, pero todos tenían algo en común: los momentos que mis antepasados, contemporáneos familiares, amigos y gente conocida han pasado a formar parte de la Historia de ese edificio que al parecer ya no se repetirá, primero porque ya no está la iglesia completa y obvio y más importante porque el preterismo de las cosas lo impiden.

En esa iglesia mis padres, doña María Dolores Borbón López, ya finada y don Ventura Cota Reyes contrajeron nupcias hace ya poco más de cincuenta años. Las fotos que reviven esos memorables momentos nos trasladan a un pasado inmediato. En ellas -las fotografías-, se resaltan los detalles hermosos de esa institución religiosa.

Mi padre, usando un elegante traje negro y sobrio con corbata de la moda muy delgada, contrastaba con el blanco vestido y velo que usaba quien a la postre sería mi admirable madre. Las damas de honor, impecablemente elegantes, formaban el cortejo. Más atrás, entre los que supongo eran amigos e invitados y uno que otro colado, se miran personas que respetuosa y atentamente escuchaban las palabras que el sacerdote dirigía en aquellos momentos a los que se desposaban.

En esa misma Casa de Dios, también unieron sus vidas mis hermanas Myrna y Lorena y allí mismo postrado ante la imagen de San Fernando y el Cristo, juré a mi mujer estar con ella en las buenas y las malas. En ese lugar o cuando menos en el pórtico mi sobrina contraerá nupcias el próximo diez de junio. Son recuerdos que barren el alma y conmueven buscando perdurar siempre, sin embargo a como van las cosas la iglesia San Fernando está a punto de morir.

El fenómeno natural llamado Jimena que nos pegó en septiembre de 2009 no es el único culpable de que la cúpula de tan hermoso templo se haya venido abajo; en este asunto también se han encargado de echar al suelo todos esos sueños las autoridades tanto eclesiásticas como gubernamentales encargadas de su mantenimiento con su complicidad, con la discrecionalidad e indiferencia y podrían hacer posible que pronto todo ese patrimonio de los guaymenses desaparezca.

Ese templo es emblemático de Guaymas y es una lástima que por asuntos de mera burocracia pronto -si no se apuran-, va a formar parte del recuerdo y sólo en pinturas o fotografías como las que me envió Raúl podremos contemplar y admirar la gran arquitectura neoclásica del edificio cons-truido en el siglo XIX.

¡Lástima!

YA PARA FINIQUITAR ESTE MAMOTRETO. Cómo enseñan el cobre los políticos que sin ningún asomo de vergüenza ya andan tras el "hueso" que los posicione en las alturas para seguir viviendo del pueblo.

Por supuesto que todos están violando la ley electoral al empezar a hacer sus campañas muy evidentes, pero la autoridad les teme y en franca complicidad se lo permite.

Pobre México por eso estamos todos fregados, por dejados, agachones y brutos. Por algo el pueblo dice que el mejor político es el político muerto, ya que está en la tumba es inofensivo. He dicho.