Por Ventura Cota y Borbón III
Quienes nos autodenominamos molómanos de corazón nos agrada siempre que eventos de la magnitud como el ayer presentado con la Sinfónica de la Armada de México y sus coros estén en el puerto.
Fue una velada maravillosa en la cual hubo momentos de climax que hicieron erizar los vellos de mis brazos cuando un tenor interpretó majestuosamente la canción del veracruzano Agustín Lara: Granada; sin faltar por supuesto La barca de Guaymas y Sonora querida.
El concierto inició puntualmente a las 20 horas y una tras otra las marchas, las traviatas, los sones, los himnos e incluso la versatilidad de tan grande orquesta también hizo que incluyeran canciones populares. Los corso de voces sopranos, medios y tenores hicieron el deleite de quienes estábamos atentamente esuchando de ese gran musical.
La disciplina de las fuerzas castrenses está muy bien aplicada en la ejecución perfecta y sincronizada de los instrumentos de viento y persusión. Para eso deberáin ser utilizados la totalidad de los elementos, para difundir el idioma universal como es la música.
No faltaron prietitos en el arroz, ya que hubo gente que sin apreciar lo bonito de esas interpretaciones se dedicaban a hacer comentarios tan absurdos como querer que la sinfónica tocara "Bailando bichi", "El sonidito" o esos bodrios que últimamente se convierten en "éxitos" gracias a la difusión comercial y cuyos "compositores" después de cada pieza "magistral" terminada, van y acaban en una institución procuradora de salud, por aquello que se "hicieron pedazos" el cerebro.
También hubo personas que estaban hable y hable no dejando escuchar y apreciar en su totalidad a esa gran orquesta. Ni modo, de que los hay, los hay.
Bien por las fiestas del Día de la Marina que traen esos eventos gratuitos.