miércoles, 31 de marzo de 2010

Motu Proprio (Edición No. 189, Columna)

Calderón y sus reclamos
Un paisano cochinón
Por Ventura Cota y Borbón III
El señor que finge y despacha en Los Pinos como presidente de la República, el ente homúnculo, obcecado en mantener a la nación en el abismo, el espurio, don Felipe del Niño Jesús Calderón Hinojosa, reiteradamente ha pedido en un tono bastante molesto e inocultable, que los mexicanos quienes radican o visitan el extranjero, no hablen mal de México.

No es la primera vez que hace esa petición porque según don Felipe Calderón, se ha enterado por personas digna de crédito –de su crédito-, que constantemente los malos mexicanos despotrican en contra del país que los vio nacer.

Falso totalmente carente de la verdad lo que murmura el “santo” y presunto dipsómano patrón michoacano. Quienes radican o visitan otros países no hablan mal de México. Al contrario deduzco que deben sentirse orgullosos de su origen. De quienes hablan pestes y no les falta la razón, es de los gobernantes ladrones. De aquellos que abrigándose en su poder, se arrogan la facultad de hacer y deshacer con el erario, el pueblo y la Nación lo que les da su fregada gana.

El país como nunca, está al borde de la sima. Y de ello no quieren darse cuenta quienes tienen las riendas. No quieren darse cuenta o escuetamente se hacen pendejos.Mientras el gobierno, en complicidad con las nefastas y abyectas televisoras Televisa y TV Azteca, afines al poder omnipotente del señor de Los Pinos, pretenden vendernos la idea de que en México las cosas están magníficamente bien, y no contentos con ello, hasta se dan el lujo de preparar con bastante antelación (la “celebración empezó hace dos años) un evento denominado El Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revo-lución. ¡Qué poca madre de cabrones…¡

Con el famoso y enfadoso festín que preparan, pretender imponer la idea en el sufrido pueblo que debemos sentirnos orgullosos de la Nación y sus gobernantes, sobre todo aquellos que se fregaron para intentar darnos una vida mejor pero que los únicos que la han aprovechado -porque los hemos dejado, abrigados en nuestra co-bardía-, son la cáfila de ladrones que merodean en el poder.

Todo mundo se da cuenta que México está en una posición muy peligrosa y comprometida. Todo mundo, excepto los panistas, priistas, perredistas y compañía que controlan al país.

Calderón en lugar de andar pidiendo imposibles, como que no hablen mal de ellos, debería sujetarse mejor a intentar enderezar la nave que desde que tomó el timón nunca ha sabido darle rumbo.

Es un secreto a voces y que además por su modo de actuar se infiere, que el primer mandatario, por su grave problema de alcoholismo, cada día nos desliza a un abismo del cual si no se detiene, será irremediablemente la tumba de todos.

Así que señor Calderón, déjese de estupideces y concrétese a trabajar que para eso le pagamos y bastante bien…
Y SIGUIENDO CON EL MISMO TENOR DE ENOJO, déjeme platicarle amigos lectores que en días pasados, en ruta de mi casa a la oficina, delante de mi carro venía un automóvil con placas estadounidenses del estado de Oregon, y cuyo conductor, a todas luces paisano, es decir mexicano con residencia de algunos años en la unión americana, lanzó por la ventana a la calle un papel.

Mi reacción inmediata fue seguirlo y al hacer alto en un semáforo de la entrada norte de Guaymas, de ventana a ventana lo increpé con bastante enojo: “¿Oiga señor, por qué tiró usted esa basura por la ventanilla de su carro?”. El tipo un poco confuso, pero además avergonzado, cuando menos así se notó, sólo se limitó a decirme que lo sentía mucho y no volvería a pasar.

De cualquier modo insistí en mi reprimenda y le dije que eso no lo hacía en la ciudad en que residía porque de inmediato la Policía le aplicaría un severo correctivo que le costaría varios cientos o miles de dólares. Tiene razón, sólo acertó a decir.

A pesar de que no soy ninguna autoridad facultada para hacer lo que en su momento hice, me pareció indignante la forma de conducirse de ese “mexicano” que una vez dentro del país, él creyó hacer lo que quisiera sin temor a ser molestado, como en realidad hubiera sido de no haberlo increpado.

Yo me pregunto, ¿Qué nos diferencia a los seres humanos? ¿El hecho de estar en equis país, nos hace diferentes en el actuar? Es la cultura de cada país y de cada indivi-duo, que como en el caso que me ocupó líneas antes, el actuar de esa forma, se logra en base a que no hay nada que le impida ser como se es porque independientemente del lugar en que resida, o del lugar de su origen, desde niño creció con la idea equivocada que en México, particularmente, no pasa nada al violentar ciertas leyes y normas cívicas.

Aquí me pongo a reflexionar un poco con respecto a qué hubiera pasado si en lugar de haber sido un simple ciudadano –como en el caso anterior cito-, el que reprendió al paisano, y no un representante de la ley (tránsito), ¿lo dejaría ir “vivo”, es decir, sin quitarle alguna mordida? Sin pretender pensar mal de la Policía, pero la verdad, ellos sí se lo hubieran “ajustado”.

Viene a mi memoria y sin salirme del tema que cierto amigo mío, italiano él, me dijo en una ocasión que la cultura de un país se mide desde el papeleo que se hace en la gestión de entrada o salida al país de un extranjero, entre otras cuestiones. Me comenta que de todos los países que ha vi-sitado, en México es uno de los pocos del mundo que los trámites son engorrosos y molestos ya que para todo piden mínimo de tres a cinco copias de cada documento.

Pongamos un ejemplo, me dijo, si yo lanzo cualquier objeto hacia el mar -es capitán de un buque-, sé que es un delito, no porque me lo diga un papel al entrar a puerto, sino porque desde niño me inculcaron que debo respetar las leyes de mi sociedad, la naturaleza, además de que no es la manera correcta de conducirme, aun en países donde la autoridad brilla por su ausencia, y no es que no la haya, sino porque al no aplicar con severidad las leyes que existen, todos se vuelven cómplices de todos. O por qué no decirlo, la corrupción está a muy altos niveles y todos se hacen partícipes de ella.

Y recalca: “Por desgracia, muchas personas alrededor del mundo, piensan que en tu país todo es corrupción y violatorio de los derechos humanos, por ello, quienes llegan a esta hermosa nación, lo hacen con desconfianza y temor”.

Aunque muchas veces me duele lo que dicen y hacen a mi México, desgraciadamente los gobernantes corruptos y ladrones que hemos padecido a lo largo de tantos años, son los responsables de lo que pasa. Con sus ambiciones desmedidas y proce-der irresponsable, han hecho del país denominado tiempo atrás “cuerno de la abundancia”, una nación que refleja la decepción y el enojo de quienes aún creemos en la libertad y democracia y que en ocasiones es desmoralizante haber nacido mexicano por el solo hecho de tener a la clase de ratas que nos gobiernan.

Para terminar, un amigo mío decía que para que los seres humanos seamos correctos al conducirnos ante la vida, debemos brindar a nuestros hijos desde que nacen, el ejemplo de comportarse de modo correcto ante todo, y ante todos. Pero, al hacer de ellos –los niños- unos seres distintos al común denominador, también podemos crear una raza opaca, inadaptada al medio actual de desmanes en que vivimos y eso al final de cuentas les acarrearía problemas más grandes y graves que los que se pretenden salvar.

Ni modo, estamos condenados a vivir entre la corrupción y a dejar que otros vengan y hagan lo que quieran al fin de cuentas que no hay nadie con autoridad (ni legal ni moral) para impedirlo.
De todo ello nosotros somos los únicos culpables y mientras haya salinas, zedillos, foxes, calderones, beltrones, etc. seguirán viniendo paisanos a tirarnos no sólo papeles por la ventanilla de su carro, sino a lanzarnos peores cosas. Al tiempo. He dicho.