México es un país muy competitivo en turismo. No obstante, este potencial no es hoy una realidad: el Distrito Federal, la entidad más visitada por habitante, recibe apenas un turista al año por persona, ocho veces menos que Madrid.
Un segmento al que autoridades municipales y estatales le están prestando
atención es el turismo de cruceros. Razones les sobran. El tamaño del mercado es de 11.5 millones de pasajeros y crece al 10 por ciento anual. El 78 por ciento embarca en Estados Unidos, lo que hace de México un destino-candidato serio para barcos que zarpan desde Florida, Los Ángeles o Puerto Rico. Este potencial aumentará a medida que cruceros que zarpen de Nueva York o San Francisco incorporen las tecnologías de última generación basadas en motores más rápidos y eficientes.
atención es el turismo de cruceros. Razones les sobran. El tamaño del mercado es de 11.5 millones de pasajeros y crece al 10 por ciento anual. El 78 por ciento embarca en Estados Unidos, lo que hace de México un destino-candidato serio para barcos que zarpan desde Florida, Los Ángeles o Puerto Rico. Este potencial aumentará a medida que cruceros que zarpen de Nueva York o San Francisco incorporen las tecnologías de última generación basadas en motores más rápidos y eficientes. A pesar de lo anterior, hay a quienes tampoco les sobran razones para oponerse. La experiencia del segmento en México para ellos es sinónimo de hordas enormes de turistas que dejan más problemas que beneficios. Ante esta situación, es legítimo plantearse si conviene recibir más cruceros o no. Lógicamente, no se puede responder de forma generalizada.
En México existen regiones en las que cruceros de 3 mil personas no deberán entrar nunca. En otras regiones no obstante, de manejarse bien, puede ser una industria interesante.¿A qué me refiero con ello? La realidad de las cosas es que, cuando un turista se sube a un crucero, entra con un presupuesto por el que compiten todos y cada uno de los destinos a los que el crucero arribará. De antemano, si la parada en México es de las últimas, es muy probable que al turista no le quede mucho dinero para gastar y su bajada a tierra sea, como opinan muchos, un motivo de generación de más problemas que beneficios.
Lógicamente, si el turista sabe que en México encontrará artículos o actividades que le interesan, guardará parte de sus recursos hasta llegar a nuestro país o los contratará desde antes de subir al barco. Por tanto, si México quiere triunfar en el negocio del crucero, deberá de presentar inexcusablemente una oferta diferenciada con respecto a otros destinos. Hoy, este no es el caso. Las franquicias y las tiendas de souvenirs venden en México artículos muy similares o incluso iguales a los que se venden en otros destinos.
Lo mismo sucede en muchas de las actividades. Esto es, desde todo punto de vista, un error porque serán adquiridos en los primeros destinos.Por otro lado, para beneficiarse, es necesario que en las localidades candidatas exista la infraestructura acorde con la intensidad y perfil de la demanda de uno de estos barcos. Y no me refiero sólo al puerto sino también a la infraestructura turística. Difícilmente el turista gastará si no se le presentan condiciones y actividades que aprecie. Si se busca servir a los turistas con la misma infraestructura que da servicio a 15 ó 20 personas, se hará del turista la peor de las pesadillas y viceversa.
Congruente con una vocación real hacia este sector es que se realicen las inversiones públicas y privadas necesarias para proveer dichos servicios.De aplicarse ambas medidas, la ganancia no es en absoluto despreciable.
Consideremos que, mientras que México capta un promedio de 60 dólares por turista de crucero, destinos como Hawai captan hasta 350. Incluso destinos con menos atractivo aparente que México para los cruceros como San Francisco captan 205. En cualquier caso, un crucero es algo más que turistas. Son fuentes también importantes de recursos el propio barco y la tripulación. Las necesidades para los tres grupos son distintas.
La oferta que buscará un barco y que podrá encontrar o no, tienen que ver con temas como avituallamiento, mantenimiento menor, atraque, espectáculos, etcétera. A esto hay que añadir los impuestos que el barco paga y que están relacionados con cada turista que baja, pero también con las externalidades que, hipotética o tácitamente, se generen. En este aspecto, México capta menos. Los ingresos promedio a nivel de barco al año rondan los 110 mil dólares mientras que en Hawai o en San Francisco, por seguir con los mismos ejemplos, rondan los 750 mil y los 400 mil, respectivamente.
Por otro lado, lo que busca un tripulante no está necesariamente correlacionado con lo que busca un turista. Para el primero, privará la calidad-precio antes que la experiencia ya que visita con frecuencia el lugar. Aspectos como restaurantes pequeños, hostales, ropa o artículos menores jugarán a favor o en contra de hacer de este segmento otro aliado de la localidad de arribo. A nivel de tripulante no se disponen de estadísticas serias para hacer comparativas.
Por todo lo anterior, a pesar de que México en cruceros es ya hoy uno de los mercados-destino más importantes del mundo, algunas localidades tienen la oportunidad de adicionarse a dicha oferta. Para ello, no será suficiente sólo con construir un puerto y firmar algunos convenios. Será necesario aplicar incentivos y esquemas financieros adecuados y tener una visión y estrategia de servicio acorde a lo que el turista busca y no viceversa.
Lógicamente en zonas específicas, como el Mar de Cortés, el tamaño del barco y la intensidad deberán ser reducidos o prohibidos. Y ello consecuencia no sólo de la fragilidad del entorno, sino de la fragilidad hídrica y social que en muchos casos presenta.
La razón final para justificar o no tal industria, radica en obtener una mayor derrama de los barcos, su tripulación y los pasajeros que los gastos y pérdidas que representan. Esto de ser posible, sólo se puede hacer a través de una oferta diferenciada, generación de sinergias entre municipios regionales. Esto en cualquier caso, no aplica sólo para el sector del crucero.
Francisco Fernández-Castillo es Director del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).