Por Ventura Cota Borbón
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| Detrás de esa lomita está el Juan Rodríguez |
La escuela Cuitláhuac que está situada en el ejido Juan
Rodríguez González, perteneciente al municipio de Empalme, está catalogada como
de alta marginación y eso no lo digo yo, lo afirman las propias autoridades
educativas del estado de Sonora (SEC) (http://148.235.6.240/upeo/inap/titulos.php?noc=26DPR1210Q),
por ello, cuando los altos jerarcas del gobierno federal y estatal afirman que
la educación en México a raíz de la Reforma ha mejorado, quienes forman parte
de ese entorno pueden desmentir de manera categórica dicha declaración
triunfalista y apócrifa.
Carecen de agua potable la mayor parte del tiempo, por
ello los sanitarios casi siempre están sucios. Las aulas no tienen aire
acondicionado, a pesar de que hace menos de dos meses el alcalde Héctor Laguna
donó tres minisplits –uno para cada aula-, éstos permanecen aún empaquetados
porque la escuela no cuenta con instalación de energía eléctrica de 220
voltios.
Y a eso hay que agregarle la incomodidad de soportar todo
el día de todos los días una nube –literal- de “bobitos” y zancudos, que ni los
manotazos de la gente pueden espantar. La conjuntivitis abunda.
La escuela Cuitláhuac, como muchas otras del Valle y del
país, tiene necesidades primordiales y urgentes y éstas deben ser subsanadas
por la población civil, ya que lamentablemente, a quien le corresponde
enfrentar ese desafío, la SEC se la pasa pregonando quién sabe cuántas cosas,
pero eso sí, se ufanan de la “calidad” de las escuelas, cuando ellos mismos
saben que es una ingente mentira.
Voy a decir algo respecto al apoyo que el ciclo pasado
recibió la escuela Lázaro Cárdenas donde estuvo mi hija, por parte de un buen
amigo personal, quien aunque tengo instrucciones y exigencia de él, en el
sentido de no decir nada, de modo somero les explico. No es político ni busca
reconocimientos.
Él, con apoyo de otros buenos samaritanos, arregló la
cancha de basquetbol que estaba hecha pedazos. La pintó, arregló los tableros y
aros, y la dejó nueva. Asimismo, los bebederos que estaban despedazados, los
dejó impecables. Les instaló llaves y tubería nuevas. La “biblioteca”, no era
tal. Él, hizo un par de estantes de acero y madera, los pintó y llenó de libros,
además de un par de mesas con sus respectivas sillas. Entre otras obras.
Mi amigo, quiere –así me lo manifestó-, que yo coordine y
escoja qué escuela apoyará este ciclo y es obvio que será donde está mi hija,
la Cuitláhuac. Ya después les informaré los avances y qué se consiguió. Ojalá
eso les diera vergüenza a las autoridades, mas sé que adolecen de falta de
inverecundia y como dice mi amigo el benefactor, su pago es ver caras de los niños
y niñas satisfechas por tener un poco menos de incomodidad y ser más placentero
el momento que ellos estén en clases.
