Ventura Cota Borbón
Manuel García sufrió un infarto agudo del miocardio. Fue
llevado con urgencias a un nosocomio y la pronta intervención médica salvó su
vida.
Manuel sufría obesidad, no en grado mórbido, pero al fin
obesidad. Su sedentarismo de muchos años, aunado a la poca actividad física,
hicieron del cuerpo de éste, una máquina casi defectuosa.
“Si no sigues nuestras sugerencias, tu vida será como la
de un paracaidista que depende de jalar la medalla para que su paracaídas se
abra. Así será de aquí para adelante tu vida: tu cambio de rutina es el paracaídas”,
le dijeron los doctores a Manuel.
El miedo que le produjo a Manuel estar tan cerca de la “huesuda”,
obró milagros.
Durante un lapso importante, su vida la cambió
drásticamente y con ello, la salud mejoró en el mismo tenor.
Sin embargo, una vez que Manuel se sintió como roble, sin
síntomas y relajado, así igual relajó su disciplina y regresó a los antiguos
hábitos.
El cuerpo resintió el cambio, y después de un tiempo
saludable, aquel hombre fuerte y sano, echó por el caño lo ganado, muriendo un
mes después de rota su rutina.
Así como Manuel, somos muchas personas. Cuando la salud
nos regatea, hacemos hasta lo imposible por recuperarla con los métodos que
sean. No obstante, una vez que sentimos ganada la batalla, que nos sentimos
bien, regresamos a lo que en un
principio nos arrebata vida y la precariedad nos dobla de nuevo y cuando bien
nos va, no morimos pero quedamos todos jodidos.
Moraleja: cuidemos nuestra salud. La vida no retoña. Y
que conste que lo digo por mí.
Buenos días querida gente, Dios los bendiga.