martes, 15 de julio de 2014

Lecciones no aprendidas

Ventura Cota Borbón
Manuel García sufrió un infarto agudo del miocardio. Fue llevado con urgencias a un nosocomio y la pronta intervención médica salvó su vida.

Manuel sufría obesidad, no en grado mórbido, pero al fin obesidad. Su sedentarismo de muchos años, aunado a la poca actividad física, hicieron del cuerpo de éste, una máquina casi defectuosa.

El cuerpo médico indicó al paciente que de ahí para adelante sería necesaria un cambio de rutina muy brusco, como alimentos sanos, ejercicios, caminatas, natación, etc., buscando inhibir o prevenir otro infarto ipso facto.

“Si no sigues nuestras sugerencias, tu vida será como la de un paracaidista que depende de jalar la medalla para que su paracaídas se abra. Así será de aquí para adelante tu vida: tu cambio de rutina es el paracaídas”, le dijeron los doctores a Manuel.

El miedo que le produjo a Manuel estar tan cerca de la “huesuda”, obró milagros.

Durante un lapso importante, su vida la cambió drásticamente y con ello, la salud mejoró en el mismo tenor.

Sin embargo, una vez que Manuel se sintió como roble, sin síntomas y relajado, así igual relajó su disciplina y regresó a los antiguos hábitos.

El cuerpo resintió el cambio, y después de un tiempo saludable, aquel hombre fuerte y sano, echó por el caño lo ganado, muriendo un mes después de rota su rutina.

Así como Manuel, somos muchas personas. Cuando la salud nos regatea, hacemos hasta lo imposible por recuperarla con los métodos que sean. No obstante, una vez que sentimos ganada la batalla, que nos sentimos bien,  regresamos a lo que en un principio nos arrebata vida y la precariedad nos dobla de nuevo y cuando bien nos va, no morimos pero quedamos todos jodidos.

Moraleja: cuidemos nuestra salud. La vida no retoña. Y que conste que lo digo por mí.


Buenos días querida gente, Dios los bendiga.