Ventura Cota Borbón
Hace un par de días, el presidente de la
República Enrique Peña Nieto hizo un anuncio, que aunque espectacular, no debe
por ello lanzarse campanas al aire, ya que en este caso como en otros, la “metida”
de dinero a temas de suma importancia no garantiza la excelencia de los mismos.
El jefe del Ejecutivo nacional anuncio con
bombo y platillo una inversión en el rubro de la Educación catalogada por
muchos como histórica: 592 mmp. Sin embargo, no es con dinero –repito-, como se
van a lograr cambios y mejoras.
El problema de siempre en nuestro país es la discrecionalidad con que los gobernantes hacen uso de un dinero público y en esta ocasión, no habrá excepción alguna que impida el manoteo y por ende, el justo reparto.
Aunque el presidente Peña Nieto hizo énfasis
durante el histórico anuncio que se dará prioridad a la transparencia de los
recursos, es ahí precisamente –en la distribución equitativa y efectiva-, donde
se reflejará la falla y el programa de marras, condenado a morir en la cuna o
quizás tiempo después, pero indubitablemente, el fracaso es su meta.
En este caso como en otros, la rampante corrupción
es lo que echa a suelo los buenos deseos e intenciones. No puedo saber si el
Lic. Peña Nieto realmente busca con ello mejoras en la Educación o simplemente
con un gatopardismo, taparle el ojo al macho. Lo que sí es un hecho
preponderante, es que mientras los recursos sean manejados por gente sin escrúpulos
e inverecundos, las cantidades que se inviertan en cualquier entidad o rubro,
no será suficiente para cambiar ningún sistema.
Aquí lo que hace falta, más que invertir |históricas" cantidades de dinero, es que alguien les moche las manos a los desgraciados ratas.
Ahora sí que como dice un buen amigo mío: A
los políticos –a casi todos-, hay que cortarles las uñas o matarlos a los hijos
de su chingada madre.
