(La siguiente columna aparece hoy en la revista impresa de Sin Límite Avante)
Ventura Cota Borbón
Ignoro
a ciencia cierta si esta edición que hoy tiene usted en sus manos de Sin Límite
Avante amable lector sea la última.
No depende de mí la terminación de esta
era, depende más bien del patrocinador de este medio de comunicación -el señor Esteban Terrazas Aguirre-, que durante
13 años ininterrumpidamente ha estado con usted y que por cuestiones muy
comprensibles de falta de liquidez es posible ya finiquite su período.
Unos
dicen además que mi ciclo dentro de la revista ha terminado y que por esa razón
se conjuntó el factor económico con el tiempo de permanencia.
Desde
hace un tiempo y hasta éste número (edición 262), hacer aparecer este medio a
la luz pública se ha convertido en un grave y enorme problema. Ya lo dije:
estamos descapitalizados y entiendo del todo al dueño, no se le puede meter
dinero bueno al malo, por ello y sin que haya otra razón distinta, Sin Límite
Avante podría tomar un receso, un descanso, obligado por las circunstancias de
una crisis rampante aunada a la falta de apoyos de aquellos que en su momento
los prometieron.
Creo,
porque así lo establecimos, que Esteban Terrazas Aguirre y yo salimos bien. No
somos amigos, simplemente hubo una relación de patrón-empleado que se prolongó
casi once años y que ya podría terminar.
Debo
antes de poner fin a este breve prolegómeno, agradecer a todos aquellos
colaboradores que durante el lapso que estuve al frente de esta Casa Editorial,
hicieron posible con su apoyo la permanencia y vigencia entre el público
lector. Sin ellos, hay que admitirlo de corazón, nunca hubiera sido posible
esta aventura periodística y también, por qué no, sin los lectores un medio no
es nada.
Por
respeto a quienes formaron parte de esta publicación, no los menciono, ya que
mis atrofiadas neuronas no dan para más y temo dejar en el olvido a alguien.
Sin embargo, ellos saben quienes son y por supuesto usted amigo lector-lectora
que nos siguió fielmente, infiero, debe conocerlos.
A
pesar de que los medios de comunicación –todos, quien diga lo contrario, sabe
que miente-, subsistimos por la venta de publicidad, suscripciones y diferentes
tipos de convenios, en el caso nuestro y a pesar de que el medio por mí dirigido
fue reconocido por tirios y troyanos –perdón por la soberbia-, pocos fueron en
realidad quienes apoyaron este proyecto, salvo dos o tres gentes del medio
político, nadie más hubo. Y no es de fuerzas, pero les faltó voluntad.
Debo
dejar claro que el propietario de Sin Límite Avante es el señor Esteban
Terrazas Aguirre, por aquello que algunos despistados y a pesar de que lo
escribí y manifesté más de una vez, crean lo contrario; y puede deducirse que
quien financió durante todo este tiempo fue él por ello cuando me dijo: “Ya no
puedo”, naturalmente que lo entendí.
También
debo decir que no me voy del todo de los medios. No me ausento, no me extravío.
Desde hace un par de años me propuse como meta terminar mi ciclo periodístico
en el 2105, año en que mis hijos terminan sus respectivos estudios
universitarios.
Esto
lo comenté a amigos muy cercanos. Por
eso le advierto que será a través de un blog –modesto y mediocre como me dijo
un lector anónimamente-, que ya muchos conocen, en que podré estar en contacto hasta
que se cumpla el plazo que un día me fijé. Ojalá muchos y muchas me sigan
haciendo el favor de leer.
Llegué
por la puerta principal. Por allí mismo me voy. Llegué como coordinador y me
voy como director. Hice amigos y muchos enemigos, pero finalmente traté de
servir. Fueron doscientas cuarenta y tres ediciones quincenales de manera
ininterrumpida en las que me tocó aprender y crecer. Naturalmente que me falta
mucho más por aprender. Con relación a esta profesión, no sé si lo hice bien,
que mi labor la juzgue el lector.
Pienso
en mi futuro inmediato. Soy un hombre que acusa la medianía de su vida, ya
cinco décadas me han hecho su presa y si a eso le sumo que me persigue un mal
crónico de lumbalgia, pues no me quedo muy tranquilo: mi futuro económico no es
prometedor.
No
obstante y a pesar de mi aparente ateísmo aderezado con signos muy evidentes de
blasfemias arrogantes, confío en que un Poder Superior me va a seguir dando la
mano como siempre lo ha hecho. Es más, tengo que asirme fuertemente de Dios y
no soltarlo porque entonces sí me lleva la...
Ofrezco
disculpas a quienes con mis comentarios o publicaciones ajenas pude ofender o
hacer sentir mal. Finalmente ya está hecho el daño. No hay remedio.
También
debo agradecer a quienes me dieron o nos dieron la oportunidad de servirles. Si
lo hice o hicimos bien o mal, simplemente fue aciertos que Dios puso en
nuestras manos; y si fue lo segundo, provocar perjuicios, tengan ustedes por
seguro que fue sin intensión u omisión.
No
quiero culpar a nadie de la debacle, quizás desde que surgieron redes sociales
y otro tipo de comunicaciones muy al alcance de todos, empezó éste “negocio” a
decaer. Francamente el futuro inmediato de los medios escritos, está muy poco
halagüeño y ni modo, se tiene que apoquinar con lo que venga.
En
este lapso, nos endilgaron adjetivos de todo tipo. Las personas a veces sin
saber o conocer al individuo lo catalogan someramente y la verdad lo que más
lastima a los seres de esta profesión, es que los nombren como “chayoteros”.
Considero ocioso traducir el término. Si lo eres, hay que aguantar, pero si no
formas parte de esa “familia”, simplemente ponerse el caparazón y echarlo a un
lado.
Creí
que por tener facilidad de escribir esta posible última columna me iba a
resultar fácil de redactar. La neta no, estoy batallando mucho y ya no
encuentro más letras para decirles cómo me siento.
Abrir
el corazón y escribir lo que sale de él no es tan sencillo. Pero sólo quisiera
despedirme –insisto que podría ser la última vez que por este medio estemos en
contacto-, de una manera en que un antiguo proverbio árabe me enseñó: “Les
agradezco que estén vivos y así continúen”. He dicho.