jueves, 16 de mayo de 2013

Sin Límite Avante…limitada


(La siguiente columna aparece hoy en la revista impresa de Sin Límite Avante)
Ventura Cota Borbón
Ignoro a ciencia cierta si esta edición que hoy tiene usted en sus manos de Sin Límite Avante amable lector sea la última. 

No depende de mí la terminación de esta era, depende más bien del patrocinador de este medio de comunicación -el señor Esteban Terrazas Aguirre-, que durante 13 años ininterrumpidamente ha estado con usted y que por cuestiones muy comprensibles de falta de liquidez es posible ya finiquite su período.

Unos dicen además que mi ciclo dentro de la revista ha terminado y que por esa razón se conjuntó el factor económico con el tiempo de permanencia.

Y es que lo que no quería escribir, no cuando menos en estas circunstancias, lo tengo que hacer obligado por el compromiso que puede existir entre este escribidor y quienes con su deferencia al leerme, han hecho que mis motivos más insignificantes se volvieran siempre inmensos.

Desde hace un tiempo y hasta éste número (edición 262), hacer aparecer este medio a la luz pública se ha convertido en un grave y enorme problema. Ya lo dije: estamos descapitalizados y entiendo del todo al dueño, no se le puede meter dinero bueno al malo, por ello y sin que haya otra razón distinta, Sin Límite Avante podría tomar un receso, un descanso, obligado por las circunstancias de una crisis rampante aunada a la falta de apoyos de aquellos que en su momento los prometieron.

Creo, porque así lo establecimos, que Esteban Terrazas Aguirre y yo salimos bien. No somos amigos, simplemente hubo una relación de patrón-empleado que se prolongó casi once años y que ya podría terminar.

Debo antes de poner fin a este breve prolegómeno, agradecer a todos aquellos colaboradores que durante el lapso que estuve al frente de esta Casa Editorial, hicieron posible con su apoyo la permanencia y vigencia entre el público lector. Sin ellos, hay que admitirlo de corazón, nunca hubiera sido posible esta aventura periodística y también, por qué no, sin los lectores un medio no es nada.

Por respeto a quienes formaron parte de esta publicación, no los menciono, ya que mis atrofiadas neuronas no dan para más y temo dejar en el olvido a alguien. Sin embargo, ellos saben quienes son y por supuesto usted amigo lector-lectora que nos siguió fielmente, infiero, debe conocerlos.

A pesar de que los medios de comunicación –todos, quien diga lo contrario, sabe que miente-, subsistimos por la venta de publicidad, suscripciones y diferentes tipos de convenios, en el caso nuestro y a pesar de que el medio por mí dirigido fue reconocido por tirios y troyanos –perdón por la soberbia-, pocos fueron en realidad quienes apoyaron este proyecto, salvo dos o tres gentes del medio político, nadie más hubo. Y no es de fuerzas, pero les faltó voluntad.

Debo dejar claro que el propietario de Sin Límite Avante es el señor Esteban Terrazas Aguirre, por aquello que algunos despistados y a pesar de que lo escribí y manifesté más de una vez, crean lo contrario; y puede deducirse que quien financió durante todo este tiempo fue él por ello cuando me dijo: “Ya no puedo”, naturalmente que lo entendí.

También debo decir que no me voy del todo de los medios. No me ausento, no me extravío. Desde hace un par de años me propuse como meta terminar mi ciclo periodístico en el 2105, año en que mis hijos terminan sus respectivos estudios universitarios.

Esto lo comenté a amigos muy cercanos.  Por eso le advierto que será a través de un blog –modesto y mediocre como me dijo un lector anónimamente-, que ya muchos conocen, en que podré estar en contacto hasta que se cumpla el plazo que un día me fijé. Ojalá muchos y muchas me sigan haciendo el favor de leer.

Llegué por la puerta principal. Por allí mismo me voy. Llegué como coordinador y me voy como director. Hice amigos y muchos enemigos, pero finalmente traté de servir. Fueron doscientas cuarenta y tres ediciones quincenales de manera ininterrumpida en las que me tocó aprender y crecer. Naturalmente que me falta mucho más por aprender. Con relación a esta profesión, no sé si lo hice bien, que mi labor la juzgue el lector.

Pienso en mi futuro inmediato. Soy un hombre que acusa la medianía de su vida, ya cinco décadas me han hecho su presa y si a eso le sumo que me persigue un mal crónico de lumbalgia, pues no me quedo muy tranquilo: mi futuro económico no es prometedor.

No obstante y a pesar de mi aparente ateísmo aderezado con signos muy evidentes de blasfemias arrogantes, confío en que un Poder Superior me va a seguir dando la mano como siempre lo ha hecho. Es más, tengo que asirme fuertemente de Dios y no soltarlo porque entonces sí me lleva la...

Ofrezco disculpas a quienes con mis comentarios o publicaciones ajenas pude ofender o hacer sentir mal. Finalmente ya está hecho el daño. No hay remedio.

También debo agradecer a quienes me dieron o nos dieron la oportunidad de servirles. Si lo hice o hicimos bien o mal, simplemente fue aciertos que Dios puso en nuestras manos; y si fue lo segundo, provocar perjuicios, tengan ustedes por seguro que fue sin intensión u omisión.

No quiero culpar a nadie de la debacle, quizás desde que surgieron redes sociales y otro tipo de comunicaciones muy al alcance de todos, empezó éste “negocio” a decaer. Francamente el futuro inmediato de los medios escritos, está muy poco halagüeño y ni modo, se tiene que apoquinar con lo que venga.

En este lapso, nos endilgaron adjetivos de todo tipo. Las personas a veces sin saber o conocer al individuo lo catalogan someramente y la verdad lo que más lastima a los seres de esta profesión, es que los nombren como “chayoteros”. Considero ocioso traducir el término. Si lo eres, hay que aguantar, pero si no formas parte de esa “familia”, simplemente ponerse el caparazón y echarlo a un lado.

Creí que por tener facilidad de escribir esta posible última columna me iba a resultar fácil de redactar. La neta no, estoy batallando mucho y ya no encuentro más letras para decirles cómo me siento.

Abrir el corazón y escribir lo que sale de él no es tan sencillo. Pero sólo quisiera despedirme –insisto que podría ser la última vez que por este medio estemos en contacto-, de una manera en que un antiguo proverbio árabe me enseñó: “Les agradezco que estén vivos y así continúen”. He dicho.