Ventura Cota Borbón
En tres ocasiones he escuchado decir al secretario de Educación Emilio Chuayffet Chemor que “por
instrucciones del presidente Enrique Peña Nieto y , ante el reclamo de la
sociedad el Estado a partir de ya, debe ser el rector de la educación y nadie
más”, ello en clara alusión y con mensaje directo a la “maesta” Elba Esther Gordillo Morales para que
entienda que pronto puede irse despidiendo de tan chafa “liderazgo”.
Desde 1972, año en que el entonces jefe del Ejecutivo Luis Echeverría Álvarez, por así
convenir a los intereses de su Presidencia, encumbró al hoy morador del
infierno Carlos Jongitud Barrios; y
posteriormente también por así convenirle al “duende de Irlanda” Carlos Salinas de Gortari, en tácito
encargo a Manlio Fabio Beltrones mandó
a la cima del poder de la educación en abril de 1989 a la ignorante chiapaneca Elba Esther Gordillo, desde entonces,
entre estos dos personajes de negro historial han mantenido secuestrado a un
sindicato que ha validado su hegemonía hasta nuestros días: SNTE.
Se escucha insistentemente que con la asunción de Peña Nieto podría
darse el “relevo” forzoso de la “líder moral” de los maestros pero no para bien
del magisterio mucho menos para mejorar la Educación en el país, sino para
colocar en las filas de ese pernicioso sindicato a un incondicional del nuevo
rey.
En los “famosos” trece puntos anunciados por el Presidente el día de su
arribo a la silla más poderosa de México, el séptimo –punto-, llamó la
atención, ya que hizo una clara alusión a la Educación pésima que enfrentan los
niños y jóvenes de la nación. De hecho en el faraónico mensaje del evento de
toma de posesión, EPN mandó a la “Maestra” a un rincón tan alejado de la mesa
principal que la señora Gordillo estuvo muy molesta todo el tiempo tanto por el
desaire como por lo que se dijo.
Tal parece que Enrique Peña Nieto
viene en serio con la remoción de esa rémora, sin embargo, el gozo podría irse
al pozo si el dinosaurio Chuayffet coloca en el puesto de la “lideresa” a otro
títere. Lo poco que se haya ganado se perderá y la victoria, si acaso se
consigue, será pírrica.
Un gatopardismo que no deja de sorprender. Ojalá esté equivocado en mi
apreciación, pero las señales mandadas hasta ahora son muy claras.
Adiós Elba Esther. Bienvenido el alfil de Peña Nieto.