jueves, 6 de diciembre de 2012

Paso de (des)cortesía


Ventura Cota Borbón
En el cruce del bulevar Diana Laura Riojas de Colosio y la calle 1 de Mayo en el sector Guaymas Norte a pesar de que existen en los cuatro costados de dicha rúa un letrero que indica ALTO, el día menos pensado se va a producir un accidente de lamentables consecuencias.

Regularmente los conductores de automóviles no respetan dicho aviso el cual sugiere que a medida en que se va llegando a la esquina –en este caso es diagonal-, debe irse pasando. Pero, como en Guaymas nos vale todo, pues cada quien se avienta como el “borras” con el peligro de que podría ser motivo de un choque o atropellamiento.

La noche de ayer, un camión urbano casi atropella a un motociclista que imprudentemente se atravesó. Otras veces he sido testigo de cómo ha habido confusión en el paso que se les conoce como de cortesía y además de automotores involucrados, personas casi han sido víctimas de fatales accidentes.

Ese crucero en particular y por su irregular forma –repito, en DIAGONAL-, requiere con urgencia de un semáforo o la permanente presencia de un agente de tránsito que ponga orden. De hecho sólo los he visto –a los tránsitos-, cuando algún político visita esos lugares y cuando es Día de Muertos.

Ojalá que no tengamos que lamentar una muerte o una contingencia también grave, la autoridad debe poner los puntos sobre las íes y ver que el sector Guaymas Norte ya necesita más atención en cuestiones de vialidad y por lo pronto si no hay presupuesto para un semáforo, sí debería plantarse un moderador humano del intenso tráfico.

Primeras damas portenses
Escuchaba a un par de damitas hablar acerca de quienes han sido las primeras damas de Guaymas.

Mencionaban ambas y con plena coincidencia que entre la señora Sofía de Claussen y la señora Consuelo de Lizárraga existe un mundo de diferencia.

“La señora Sofía es muy amable, muy tratable, muy humana, muy sencilla”, comentaba una y la otra damita además de asentir con su cabeza y le ahondaba en el comentario que contrariamente a la esposa del ex alcalde Lizárraga, “ella era muy ¨sangrona¨ [sic], ¿qué le costaba ser buena gente?”.

Ni modo.