Ventura Cota Borbón
No sé si sea producto de la edad y haya llegado la andropausia; o sea
con motivo del mes de diciembre en que llegan en cascada las nostalgias o
simplemente sea por el ingente “piojo” que este pergeñador de entelequias anda
medio bajo de pilas o como dicen coloquialmente, “agüitado”.
Desde que asumió la jefatura del Ejecutivo el señor Peña Nieto, no he
podido ver la mía. La revista que dirijo la cual debería estar circulando desde
el viernes 30, aún sigue en el limbo y será -si el Creador lo permite-, hasta
mañana miércoles en que finalmente salgamos al público.
El dolor de espalda y piernas causados por la desgraciada hernia del
quinto disco lumbar y primero sacro, no me ha soltado desde la semana anterior
y aunado a que el medicamente no ha hecho su trabajo, la depresión ha intentado
acogerme con bastante ahínco.
Hoy tenía un desayuno con mis amigos Raúl Espriú y Agustín Rodríguez,
sin embargo para acabarla de amolar, una “hemorragia” intestinal me ha impedido
acercarme a compartir la excelencia culinaria del Rul. Sólo falta que el “Plutarco”
alce su pata y expele sobre la mía sus líquidos renales.
Está medio carajo andar así. La chamba está floja y lo que resta del mes
de diciembre incrementará ese legajo por lo que el futuro inmediato lo veo muy
tenebroso. En fin, ya ni llorar es bueno. Sólo resta esperar que quienes tienen
adeudos pendientes de cubrir con su servidor, se acerquen y sellen la fuga de
sentimientos negativos que de mi persona emanan.
Un día nunca es igual a otro, por lo que espero mañana con el favor de
Dios tenga otras perspectivas de la vida. Por lo pronto que el buen Dios lo
bendiga y que a mí no me suelte de su mano.
PD Raúl, Agustín, desde este espacio ofrezco disculpas por fallar a nuestra cita mensual, pero un imponderable fue el causante.