Ventura Cota Borbón
Hace algunos
años leí con bastante admiración y sorpresa un par de libros cuyo contenido
indicaba claramente la obsesión enfermiza de su autor: José López Portillo y Pacheco.
En éstos
titulados “En mis tiempos”, un par de vademécum muy voluminosos, el ex
presidente de la república arremete con una filosofía muy al estilo del auto
elogio. Sin duda un panegírico incomparable.
Debo admitir
que aunque dichos libros –más de tres mil páginas entre ambos-, son un
monumento a la vanidad, aprendí demasiado de ellos. Si López Portillo –por cierto
el único presidenciable en su tiempo que no tuvo contrincante y aun así hizo
campaña proselitista-, hubiera utilizado la inteligencia que plasma en esas obras
para gobernar el país, otra historia sería en estos momentos.
Por fortuna el
anciano dictador ya pasó a mejor vida, es decir tomo como residencia el
Infierno, sin embargo su legado nos sigue lastimando.
Otro homúnculo
gobernante que también le dio por rasguear justificaciones a sus ineptitudes
fue el duende de Irlanda: Carlos Salinas
de Gortari, quien escribió lo que para él es una joya literaria “La década
perdida”. En esta “obra” el ladrón ex presidente, arremete contra un par de sus
antecesores a quienes culpa de todo lo que en México sucedió después de su
sexenio.
Otro
panegírico en el cual con cifras y números que no cuadran enlista los factores
que según él dieron al traste con la economía que culminó con la ingente crisis
del 95.
Inverecundamente
Salinas hoy se pasea con el próximo dictador Enrique Peña Nieto.
Finalmente,
escuchaba la tarde noche de ayer a Felipe
Calderón Hinojosa diciendo una sarta de barbaridades también en clara
justificación a su errático y desastroso mandato que por fortuna culmina el
próximo viernes.
“Mi corazón está con cada uno de ustedes”,
afirmó el dipsómano Calderón al final de su mensaje nacional de ayer. Un mensaje
de despedida que es el preámbulo de una huida vergonzosa. Una salida por la puerta
trasera y con la cola entre las patas.
Huye al
extranjero en donde será acogido por una Universidad la cual le brindará la
oportunidad de exiliarse durante todo el 2013, ofreciendo su “brillantez” al
alumnado, por cierto el cual ya se supo, se sublevará ante la presencia del
espurio dictador.
Llegó mal, se
va igual. No dude usted que pronto publique un libro, que al igual que los
presidentes que le antecedieron saque a relucir sus “enormes virtudes” como
gobernante y nos diga que los mexicanos fuimos afortunados de tenerlo como jefe
del Ejecutivo.
Me centré en este trío porque son quienes han sido los ex presidentes que han tratado de justificar más que ningún otro, sus incapacidades.
Puros
coprófagos con esencia de iluminados arriban a la conducción de esta pobre nación.
Sea bienvenido
el nuevo títere y que la carpa de este enorme circo mexicano aguante más de lo que ha aguantado hasta hoy.
