jueves, 29 de noviembre de 2012

Analogías y vanidades


Ventura Cota Borbón
Hace algunos años leí con bastante admiración y sorpresa un par de libros cuyo contenido indicaba claramente la obsesión enfermiza de su autor: José López Portillo y Pacheco.

En éstos titulados “En mis tiempos”, un par de vademécum muy voluminosos, el ex presidente de la república arremete con una filosofía muy al estilo del auto elogio. Sin duda un panegírico incomparable.

Debo admitir que aunque dichos libros –más de tres mil páginas entre ambos-, son un monumento a la vanidad, aprendí demasiado de ellos. Si López Portillo –por cierto el único presidenciable en su tiempo que no tuvo contrincante y aun así hizo campaña proselitista-, hubiera utilizado la inteligencia que plasma en esas obras para gobernar el país, otra historia sería en estos momentos.

Por fortuna el anciano dictador ya pasó a mejor vida, es decir tomo como residencia el Infierno, sin embargo su legado nos sigue lastimando.

Otro homúnculo gobernante que también le dio por rasguear justificaciones a sus ineptitudes fue el duende de Irlanda: Carlos Salinas de Gortari, quien escribió lo que para él es una joya literaria “La década perdida”. En esta “obra” el ladrón ex presidente, arremete contra un par de sus antecesores a quienes culpa de todo lo que en México sucedió después de su sexenio.

Otro panegírico en el cual con cifras y números que no cuadran enlista los factores que según él dieron al traste con la economía que culminó con la ingente crisis del 95.

Inverecundamente Salinas hoy se pasea con el próximo dictador Enrique Peña Nieto.

Finalmente, escuchaba la tarde noche de ayer a Felipe Calderón Hinojosa diciendo una sarta de barbaridades también en clara justificación a su errático y desastroso mandato que por fortuna culmina el próximo viernes.

Mi corazón está con cada uno de ustedes”, afirmó el dipsómano Calderón al final de su mensaje nacional de ayer. Un mensaje de despedida que es el preámbulo de una huida vergonzosa. Una salida por la puerta trasera y con la cola entre las patas.

Huye al extranjero en donde será acogido por una Universidad la cual le brindará la oportunidad de exiliarse durante todo el 2013, ofreciendo su “brillantez” al alumnado, por cierto el cual ya se supo, se sublevará ante la presencia del espurio dictador.

Llegó mal, se va igual. No dude usted que pronto publique un libro, que al igual que los presidentes que le antecedieron saque a relucir sus “enormes virtudes” como gobernante y nos diga que los mexicanos fuimos afortunados de tenerlo como jefe del Ejecutivo.

Me centré en este trío porque son quienes han sido los ex presidentes que han tratado de justificar más que ningún otro, sus incapacidades.

Puros coprófagos con esencia de iluminados arriban a la conducción de esta pobre nación.

Sea bienvenido el nuevo títere y que la carpa de este enorme circo mexicano aguante más de lo que ha aguantado hasta hoy.