Ventura Cota Borbón
Las constantes “quejas”
y lamentaciones del alcalde Otto
Claussen Iberri, mismas que además se han hecho del conocimiento público
por la delirante inclinación del munícipe a ser centro de los reflectores, ya
empiezan a molestar a quienes le escuchan.
El alcalde porteño no
conforme con dichos exabruptos, hace uso de un lenguaje inapropiado para un primer
edil ya que “avienta” al aire –por radio, cuando menos le he escuchado algunas-,
palabras malsonantes y sin que se vea en él una intención de disculparse.
Podría Otto estar infectado de coprolalia en estado latente.
Según se entiende,
mas no se justifica, el alcalde debe asumir que la desastrosa situación que se
ha evidenciado le dejaron los inquilinos de palacio municipal, no es
despotricando o vociferando que va a arreglar el entuerto. La sociedad exige a
grito abierto que los presuntos culpables –Lizárraga,
Marín, Dueñas, Uruchurto, Campillo, Etc.-, sean llamados a la
autoridad para que aclaren la ramplona situación imperante.
Por otro lado, es un
secreto a voces que ya sea por cuestión normativa o simplemente por revanchismo
de carácter político, la Contraloría –léase Héctor Hernández-, va a llamar a
cuentas a los peces gordos para que declaren y aclaren las serias acusaciones
de corrupción.
Van más allá de esto
al afirmarse que pronto surgirá una noticia de las que llaman de ocho columnas.
Si sobre quienes cae
la sospecha de malos manejos son llamados a que sean ajusticiados por que lo merecen,
está muy bien. Pero si es obra de un capricho vengativo y una vulgar cacería o
la suma de ambas, pues bienvenida la sentada en el banquillo de los acusados y
que los culpables sean enviados al CERESO para que se siente un precedente.
Sí como no, está
pelona la cochi…