Ante un verdadero
escándalo, el medio día de ayer, el Departamento de Tránsito presentó una
campaña para que quienes conducen vehículos automotores tomen conciencia que
deben “amarrarse” el cinturón de seguridad, evitar hablar por celular mientras
conducen y en el caso de los motociclistas, usar el casco de manera obligatoria.
Para qué tanto brinco
estando el piso tan parejo –es un decir porque Guaymas está lleno de baches-,
si la ley o reglamento de Tránsito contempla desde hace bastante años, que se
debe usar el cinturón, no se debe hablar por teléfono móvil mientras se maneja
y debe hacer uso a fuerza del casco, hacen esa faramalla.
Nada más con que
apliquen con severidad la ley, esa indiferencia se acaba.
Y no es cuestión de
cultura, ni de tener conciencia, sino simplemente de razón.
Estoy seguro por
ejemplo que aquellos automovilistas que aquí en México conducen con ese
desparpajo, al momento de cruzar la línea fronteriza, de modo automático se
sujetan a las reglas del país vecino de lo contrario una fuerte multa los hará
entrar en razón.
Y es que hacer uso
del cinturón, del casco y evitar por teléfono hablar cuando se conduce, puede
ser la diferencia entre la vida y la muerte y ni una multa o una llamada de
atención vale lo que nuestra existencia.
Si es esa la razón,
enhorabuena por la autoridad. Sin embargo, si la intención es distinta a lo que
se pretende, o sea, obtener dinero de manera urgente debido a que muchos
conductores harán caso omiso del aviso disuasivo, entonces eso sí esta mal y el
plan se va a la sima.
Ojalá que a partir de
ya, seamos más obedientes en el cumplimiento de la ley y que los “cumplidos” agentes
de tránsito no se vean en la necesidad de levantar infracciones a diestra y
siniestra solo para satisfacer la codicia del Ayuntamiento portense.
Calderón y sus
mendacidades…
La tarde de ayer, el
presidente de la república Felipe Calderón Hinojosa jubilosamente anunció que
los mexicanos pagaremos menos “luz” a partir de este mes de octubre, es decir, con un ajuste que se hizo en el
cobro de las altas tarifas a que obliga la empresa de clase mundial –onomatopeya
de una sonora trompetilla, vulgo, pedo ¡prrrrrrrt!-, en los escalonados niveles
(no recuerdo cómo se llama), se disminuye el cambio que a veces por causa de un
kilowatt que se rebasaba, el costo se incrementaba de modo descomunal.
No creo en la
benevolencia del señor Calderón. Al contrario creo que lleva “jiribilla” y
seguiremos pagando el alto costo de esas arbitrarias tarifas. Si los empleados
de dicha paraestatal pagaran su consumo, otra ave emplumada entonara su canto.
No le creo al Presidente.