Ventura Cota Borbón
Ya con la amanecida
de hoy son dos noches consecutivas en que el demonio del insomnio no me deja
descansar bien. El día de ayer anduve como “caballo lechero” y hoy será la
misma historia.
Desde las tres tal y
como estuve en pie la madrugada de ayer como la de hoy, el dios Morfeo me ha
hecho el “fuchi” y ha extendido sus tentáculos sobre mi pacífica persona
dejándome en el limbo de los sueños injustos.
Y qué raro.
Consultando en retrospectiva no le debo a nadie cantidades considerables, no he
sido un mal cristiano –a menos, claro que cuenten las críticas que hago en este
bodrio periodístico-, no me meto con mis vecinos, mucho menos con mis vecinas,
pago la mueblería a la cual debo, tampoco soy sonámbulo, mucho menos tomo las
cosas ajenas –a menos que soñar con Jeniffer Aniston sea un “robo” onírico-, y
pago mis impuestos.
Quien sabe, pero
afirma Freud que en lo más profundo e íntimo de nuestro subconsciente habitan
las cosas que por conveniencia no queremos reconocer y nos golpean duro.
Será el sereno pero
de que está cañón, lo está. No dormir repercute en mal humor y por supuesto
incide en las actividades del día.
Llegando a mi oficina
trataré de echarme una siesta al fin y al cabo sólo dedicaremos este día a
imprimir la revista y eso no me corresponde a mí.
Gasolinazos que nos
tienen hasta la madre es el que llegó este primer segundo del sábado. El décimo
del año y los ochocientos mililitros que antes costaban $ 10.54 ahora nos lo
meterán en $ 10.63.
Ni modo, como somos
muy ricos podemos pagar eso y más. Mientras el vividor del presidente electo a
costillas de todos los estúpidos mexicanos, anda de paseo en las “Europas”
junto con su ave colombina.
No hay por qué
acongojarse. Viva México y que muera la garrapata del perro de mi vecina.