Debe de ser desesperante tener algún tipo de adicción, pero lo es más no reconocer la raíz del problema y por consecuencia, ignorarlo, evadirlo y no tratarlo o enfrentarlo.
Ayer mientras circulaba por la calzada García López, a la altura de un centro de explotación que se autodenominan casa de juego, una señora que conducía un carro muy moderno y de manufactura cara, casi chocaba por rebasar a una línea de vehículos que esperábamos el cambio de la luz en el semáforo para continuar el camino.
La damita de aproximadamente unos cincuenta años, proyectaba en su semblante la desesperación por introducirse en el garito (aunque éste opera de manera "legal") y empezar a jugar las maquinitas para su rápida esquilma.
Conozco el caso de un muy cercano amigo quien por adolecer de esa sociopatía lúdica además de perder en un mes más de un millón de pesos, también le costó la pérdida de su esposa. Los consejos de los amigos y otro tipo de admoniciones no servían para nada, era tanto su furor por el juego que demasiado tarde comprendió que esas casas del mal JAMÁS pierden un centavo.
Tuvo que enfrentarse a una situación de tocar fondo en el problema para entender que el juego como adicción a nada lo conducía. Por fortuna hoy ya se encuentra en franca recuperación y ha recuperado parte de su patrimonio a través del trabajo, mas no a la familia a quien en definitiva, me dijo una vez con lágrimas sinceras, jamás recuperará.
Entiendo a la señora pero debe entenderse también que ellos-ellas deben procurar ayuda cuando la adicción en el juego de azar toma derroteros tan perniciosos como los que antes comento.
Ni modo, así es la vida y así somos las personas.