Uno ya murió defendiendo con ahínco sus convicciones. El otro, ya acusa las huellas de la batalla de la decisión de ir hasta las últimas consecuencias y también en defensa de sus ideas y convicciones.
Uno se llamaba Orlando Zapata. El otro se llama Guillermo Fariñas. Ambos son cubanos y también a los dos se les considera presos de conciencia (políticos).


Zapata, albañil y fontanero de profesión se le vinculaba a la disidencia política de su país y en protesta por el régimen autoritario de sátrapas castristas, se impuso una huelga de hambre con el afán de que el gobierno de Raul Castro lo considerara un preso político. Sin embargo, las reseñas oficiales cubanas argumentaban que Orlando Zapata contaba con un historial delictivo de toda la vida.
Tras 86 días de huelga, el organismo del disidente cubano Zapata, no aguantó más y murió el pasado 10 de febrero a la edad de 42 años, esto ante la indiferencia de las autoridades dictatoriales de Cuba.
Por otra parte, Guillermo Fariñas de 48 años, otro preso de conciencia, de profesión psicólogo además es ciberperiodista independiente, algo que en la isla caribeña es un delito grave -naturalmente según las autoridades quienes controlan todos los medios de comunicación-, y ex militar, también en contra de las ideas de los hermanos Castro y del régimen político que manejan, ya completó este día 38 en huelga de hambre.
Según declaraciones del gobierno cubano, quien no reconoce a los presos de conciencia (políticos), ha dicho que Fariñas es un chantajista que pretende desestabilizar al régimen y que es un agente de los Estados Unidos infiltrado en la isla, a quien además hace responsable de su propia muerte de no claudicar en su huelga.
Es un hecho que Fariñas de seguir los pasos de Zapata también llegará el momento en que su cuerpo no pueda más y formará parte de las estadísticas de injusticia de esa nación cubana.
Yo tengo amigos cubanos, cuyos nombres me reservo por razones comprensibles y me dicen que en Cuba se puede vivir bien si se respeta el régimen que Castro impuso desde hace más de cincuenta años, pero que en el caso de ellos, cuando menos uno, decidió salir de su país en busca de nuevas oportunidades que ese gobierno les niega a su gente.
Me cuenta que él está agradecido con su país porque logró obtener una educación integral y que gracias a ella hoy pudo obtener un trabajo bien remunerado aquí en México. Por su parte, mi amiga que aún reside en Cuba, trabaja en una policlínica y no juzga -abiertamente- a su gobierno.
Es como todo, según te va en la feria es la plática.
Para Orlando Zapata, quien ya está descansando en algún lugar del paraíso, vaya el sincero reconocimiento a la defensa de sus convicciones que incluso lo llevaron a la tumba; y para Guillermo Fariñas a quien incluso ya enviamos unas letras de aliento, nuestro apoyo moral y reiterarle que independientemente de su decisión, su vida es más valiosa que combatir contra gerontócratas obcecados en mantenerse en el poder hasta que el demonio se los lleve.
Buenos y prisioneros días...
