miércoles, 31 de marzo de 2010

Un minuto para reflexionar (Edición No. 189, Colaboración)

Vaivenes, Benedetti y Hesse
Por Aleotis
Vaivenes
Cada existencia tiene sus vaivenes, que es como decir sus pormenores. El tiempo es como el viento, empuja y genera cambios.

De pronto nos sentimos prisioneros de una circunstancia que no buscamos, sino que al contrario, nos buscó. Y, para liberarnos de ella, es imprescindible pensar y sentir hacia adentro, con una suerte de taladro llamada meditación.

De pormenor en pormenor vamos descubriendo el exterior y la intimidad, digamos el milímetro del universo que nos tocó en suerte.

Y sólo entonces, cuando nos encontramos al muchacho o al vejestorio que lleva nuestro nombre, sólo entonces los pormenores suelen convertirse en por mayores.

Un camino hacia sí mismo
No soy un hombre que sabe. He sido un hombre que busca y lo soy aún, pero no busco ya en las estrellas ni en los libros, comienzo a escuchar las enseñanzas que mi sangre murmura en mí.

Mi historia no es agradable, no es suave y armoniosa como las historias inventadas, sabe a insensatez y a confusión, a locura, y a sueño, como la vida de todos los hombres que no quieren mentirse más a sí mismos.

La vida de todo hombre es un camino hacia sí mismo, la tentativa de un camino, la huella de un sendero.

Ningún hombre ha sido por completo él mismo. Pero todos aspiran a llegar a serlo, oscuramente unos, más claramente otros, cada uno, como puede, cada uno es un impulso de la naturaleza hacia el hombre.

Podemos comprendernos unos a otros, pero sólo a sí mismo puede interpretarse cada uno.