La diferencia
Por Miguel Ruiz Cruz
Como es bien sabido, en la madrugada del 16 de septiembre de 1810 empezó la lucha por la independencia, convocada por los criollos y seguida por mestizos e indígenas, encabezados por don Miguel Hidalgo y Costilla, sacerdote católico que prefirió ofrendar su vida en aras de la libertad y la justicia a disfrutar los privilegios que le brindaban la voraz monarquía española y el insaciable poder político disfrazado de religioso.
El Vaticano. Catorce años después, el 4 de octubre de 1824, se promulgó la Constitución por medio de la cual se reafirmó la independencia de México, para constituirse en República Federal.
Siendo ésta (1824) la fecha de nacimiento del sistema político mexicano; y el primer Presidente de la joven República fue don Guadalupe Victoria.
A 186 años de distancia, con tristeza pregunto: ¿Estamos, jurídica, económica y políticamente, mejor que entonces?
Así pues, en la actualidad, por más que le busco, no veo que los gobernantes, funcionarios y/o servidores públicos, estén honrando el sacrificio de aquellos valientes y honestos patriotas que entregaron su vida para darnos patria.
El rancio sistema político mexicano tanto sea corrompido que, francamente, yo no creo que haya dos funcionarios públicos, del nivel y del partido político que sea, que me puedan presumir que están actuando o desempeñando su función o cargo, respon-sable y honestamente, ¿Por qué? Nada más y nada menos, porque las reglas turbias y tramposas para el ruin comportamiento, a partir del 4 de marzo de 1929 los ingeniosos priistas las fueron estableciendo.
Me queda claro también que no todos los funcionarios y/o servidores públicos, sin importar las siglas partidista, tienen el mismo patrón de conducta, seguro que no, porque de acuerdo con su voracidad y capacidad cada quien impone su astucia, su estilo y hasta su manera de justificarse.Por los ejemplos que ya nos han dado, por eso puedo decir que la mayoría de los priistas, panistas, perredistas, igualmente, de los otros partiditos paleros son desleales y que saben moverse en la turbiedad; que atrapados en la red de la complicidad hacen sus convenios en lo oscurito y cuando no los cumplen se lanzan sus feroces gruñidos; que con alianza o sin alianza, lo que prevalece es la transa.
Sin embargo, la diferencia está en que:
El priista antes de cometer la transa, haciendo acopio de su experiencia mueve los hilos de la complicidad, para que ya cometida lo protejan sus compinches.
El panista antes de realizar la estafa, envuelto en su gazmoñería se persigna, ya realizada la transa se confiesa con el sacerdote para que lo deje rechinando de limpio (y si es generoso con la ofrenda o limosna, hasta le ponen suavitel).
El perredista antes de perpetrar el engaño, luciendo su brillantez se encomienda en la modernidad, ya perpetrada la transa se justifica con las tramposas reglas del pasado.
El verde-ecologista antes de efectuar el fraude, con seguridad se apoya en su astucia, pero cuando le descubren la transa entonces sale con que lo chamaquearon.